 Henri Loevenbruck nació en 1972 en Paris. Sus padres, ambos profesores de ingles y tras vivir en el País de Gales, le transmitieron desde muy pequeño su amor por la cultura anglosajona.
Durante toda su adolescencia formó parte de numerosos grupos de rock y hasta los veinte años cantó y actuó en numerosos escenarios de la región parisina.
Después del Instituto, aún dudoso entre la música y la literatura, intentaba combinar sus dos pasiones: durante la semana estudiaba cursos de acceso a la universidad y el fin de semana se despejaba en conciertos o en estudios con diversos grupos. Por desgracia le suspendieron los examenes de acceso, seguramente debido al exceso de rock, por lo cual ingresó en la Sorbona donde estudió literatura americana e inglesa.
Poco entusiasmado por la rama militar, la hora del servicio nacional se acercaba, e hizo objeción de conciencia y pasó 17 meses como maquetista en Editions Francophones d’Amnesty International. Una vez terminó su objeción, se enamoró locamente de una bella inglesa, con la que se marchó a vivir cerca de Canterbury. Allí, enseñó Francés en un colegio y sacia su fascinación para la literatura de género en las librerías inmensas de la pérfida Albión.
De vuelta a Francia, trabajó en diversas ocupaciones, desde barman a diseñador web pasando inclusive por profesor de inglés, antes de dirigirse hacia el periodismo. Periodista independiente para la radio (TSH) y la prensa escrita, firmó numerosas críticas de literatura fántastica antes de crear su propia revista (Science-Fiction magazine). Lanzada con los medios del borde, esta revista encuentró rápidamente un cierto éxito, luego paso a los quioscos, rescatada por el grupo Flammarion Presse. Después de estar como redactor jefe de esta revista durante dos años, publicó a los 25 años su primera novela con ediciones Baleine, una novela futurista donde estaba claramente influenciado por Philip K. Dick. Es entonces cuando la decisión estaba claramente tomada, aparta la música y se dedica de lleno a la escritura.
Su carrera entonces se vio lanzada por dos jóvenes editores parisinos, Stéphane Marsan y Alain Névant, fundadores de ediciones Bragelonne. Es con esta editorial que Henri Loevenbruck publicó sus dos trilogías de fantasía, las cuales encontraron un éxito inédito para un escritor francés. (La Moira sobrepasó en Francia los 300.000 ejemplares y sus derechos se vendieron a 11 paises) |