BL: ¿Qué te atrajo para escribir acerca de la serie Tiempo de Leyendas y el personaje de Sigmar en particular?
GM: Si vas a escribir acerca de alguien histórico en el Viejo Mundo, en cuanto a personajes humanos se refiere, tiene que ser Sigmar. Él es el personaje que deja la mayor huella en el Imperio. Todo lo que ha hecho es legendario, así que encaja a la perfección en la serie Tiempo de Leyendas. Contar sus hazañas y humanizarlas sin reducirlas supuso un auténtico desafío. La historia de Sigmar tenía que ser épica, pero también tenía que ser un personaje real que no iba a superar sin problemas todo lo que se encontrase como lo haría un Marine del Espacio. Era humano, se equivocaba, no ganaba siempre, lo herían y sangraba, pero aún así su historia debía ser grandiosa.
BL: Esta trilogía es tu primera ficción para Warhammer Fantasy en algún tiempo. ¿Qué sentiste al regresar a ese escenario?
GM: Lo estaba deseando. Me encanta escribir fantasía. No lo hago tanto como me gustaría. Estaba entusiasmado con la idea, incluso aunque esta serie es muy diferente a escribir Warhammer, porque el Mundo de Warhammer como lo conocemos por libros contemporáneos no existe todavía. Esto es más bien un proto-Imperio; estamos viendo una tierra de bárbaros y miembros de tribus cambiar de un estado a otro, aunque despacio, dando los primeros pasos hacia el Imperio como nosotros lo conocemos.
Siempre me ha encantado escribir libros de fantasía… hachas blandiendo, cargas de caballería, ésa es la clase de cosas con las que más disfruto. Lo escribo mucho más rápido que 40K y
La Herejía de Horus; me parece que eso requiere un enfoque mucho más meticuloso y necesita mucha más revisión por el camino antes de sentirme dispuesto a entregar el manuscrito. Las novelas de fantasía tienden a fluir mucho más rápido y me siento mucho más satisfecho con el resultado inicial. Resulta más natural porque puedes identificarte con los personajes más fácilmente que en 40K.
Quieren prácticamente las mismas cosas que nosotros: un techo sobre la cabeza, compañía, familia. En 40K a los personajes les preocupa más que no los aplasten los demonios u orcos que invaden su mundo. En Warhammer también tienes que preocuparte de hombres-bestia, ogros y orcos, por supuesto, pero las preocupaciones hogareñas inmediatas de los personajes nos resultan mucho más familiares. Probablemente por eso es más fácil de escribir, pero eso también presenta sus propios retos, porque aún así quieres que parezca un mundo diferente, no sólo un escenario histórico.
BL: Como has dicho, el personaje de Sigmar deja una gran huella en la historia del Imperio. ¿Cómo abordas escribir acerca de un personaje tan conocido dentro del trasfondo de Games Workshop?

GM: Tienes que asegurarte de que dispone de muchos momentos con los que dejar boquiabierto al lector en los libros: volar por el aire para golpear a un dragón ogro en la cara con Ghal-maraz, enfrentarse a Nagash, cantidad de grandes momentos. También le proporcionas suficiente humanidad para asegurarte de que tiene la fortaleza, el entendimiento y la sabiduría para ser mejor que todos los demás. No hay vuelta de hoja: Sigmar es el personaje más importante del Imperio, el que cuenta con la visión de futuro para ver más allá de las insignificantes luchas internas y guerras tribales. Puede ver que la raza vivirá junta o morirá sola. Por lo tanto, tiene que dar la impresión de ser la clase de persona a la que la gente seguiría a la batalla o escucharía cuando habla y que cambiarían sus vidas en base a sus palabras. Eso se obtiene con el carisma, pero intervienen toda clase de cosas a la hora de hacer carismático a un personaje. Ahí estás intentado capturar una característica un tanto indefinible.
Fundamentalmente, intenté seleccionar cuidadosamente los rasgos de personalidad que quería darle que me parecían interesantes, divertidos y heroicos, pero también asegurándome de que no fuera todo eso: no era un tipo duro, un guerrero de pelo en pecho siempre a la cabeza de sus tropas. Sufrió pérdidas, no era infalible, se ponía hecho una fiera…; al fin y al cabo, es un guerrero bárbaro de la tribu de los umberógenos, ¡no un caballeroso soldado! La clave para hacer que funcionara era darle una personalidad equilibrada.
BL: ¿Y qué hay de abordar esos acontecimientos que se detallan en el trasfondo? ¿Cómo haces para que sean tensos y dramáticos, incluso aunque ya se sepa el resultado?
GM: Coger acontecimientos que la gente ya conoce y darles un giro sorprendente siempre ha sido el reto de todo escritor con esta serie y la Herejía de Horus. Sabemos que Sigmar gana en el Paso del Fuego Negro, eso está claro, ¡y yo no voy a intentar subvertir la historia de Warhammer diciendo que no ganó! Pero aún así es importante hacer que sea difícil para el héroe. Yo uso a menudo la dicotomía Bruce Willis/Steven Seagal. En Jungla de cristal John McClane siempre acababa hecho papilla al final: sangrando, con los pies destrozados, la camiseta cubierta de suciedad… podías darte cuenta de que había pasado las de Caín. Si ves algo como Alerta máxima, al final Steven Seagal apenas ha sudado. Nunca llegaste a sentir que estuviera en peligro, mientras que con John McClane, aunque sabías que iba a ganar, no sabías en qué estado iba a acabar.
Y eso es exactamente lo que ocurre con estos libros. Incluso aunque sabes que alguien lo va lo lograr, puedes hacérselas pasar canutas por el camino, tanto mental como físicamente. Además, si desarrollas a los personajes que rodean a tu héroe, pueden servir de medio para hacerle daño al personaje principal al perderlos. De ese modo tus lectores sienten que, aunque se ha conseguido una victoria, se ha tenido que pagar un precio terrible. Si creas personajes lo bastante buenos, acabas encariñándote con ellos por el camino. Si se pierde a alguna gente, sientes que ha habido tensión y cosas de las que preocuparte, y además te preguntas quién va a vivir y quién va a morir.
BL: Hay unas cuantas batallas épicas a lo largo de esta trilogía, y en ninguno más que en El Rey Dios. ¿Cómo haces para capturar toda la gloria –y el horror– de la guerra?
GM: A menudo dibujo esbozos de la batallas y las escenas que van a ocurrir, resaltando los momentos clave fundamentales para la fluidez narrativa. Hacer que las cosas sean coherentes, para que el lector pueda seguir lo que está ocurriendo, es importante. Pero también tiene que ser lo bastante caótico para que sientas la confusión que sufre la gente en la batalla: sólo pueden ver lo que está ocurriendo en unos metros a la redonda, justo a su alrededor. Pueden estar luchando y pensar que les están dando una buena paliza, ¡sin saber que el resto del ejército se ha desmoronado y regresa corriendo a las murallas! O pueden estar ganando, pero al ver a unas cuantas personas huyendo creer que la batalla está perdida.

Es fundamentalmente una mezcla de distancias de cámara: algunas veces te alejas y muestras la configuración de la batalla, el flanqueo y las maniobras, los elementos estratégicos; otras veces estás en lo más reñido del combate y otras estás con un par de unidades atacando… Variar eso te permite mostrar el progreso de la batalla además del meollo. Por mucho que cualquier estudiante de guerra histórica o un escritor de batallas pueda decir: «Me encantaría ver una batalla», ¡la verdad es que no te gustaría! Sería la matanza más espantosa que te puedas imaginar, y es importante intentar recordar eso. Quieres esos momentos de gloria, quieres a los soldados de caballería penetrando las líneas enemigas y atravesándolas y la sensación de júbilo que llega con ello. Pero también tienes que recordarle a la gente que no lo estamos ensalzando: el hecho es que miles de personas van a morir y quedar mutiladas de por vida. Es sangriento y es real y puede ser glorioso, pero también es horrible.
BL: El segundo libro de la trilogía de Sigmar, Imperio, obtuvo un éxito sin precedentes cuando ganó el premio David Gemmell Legend hace poco. ¿Cómo fue ganar y qué ha hecho por tu carrera?
GM: Fue un momento impresionante. Al ser un gran fan de David Gemmell, ganar un premio que lleva su nombre fue un auténtico reconocimiento y me demostró que la ficción conectada es una forma de literatura igual de legítima que cualquier otra. La gente votaba por el libro que le gustaba y, aunque no conocí a David Gemmell, me imagino que es la clase de cosa que habría aprobado. Fue muy inesperado teniendo en cuenta la competencia que había allí esa noche… Nunca pensé que lo ganaríamos. Todavía estoy en las nubes, pero lo conseguimos entre todos: mi página web, la página web de BL, lectores, amigos y fans de todo el mundo aunaron esfuerzos para hacer que ocurriera. No tengo ni idea de por qué margen ganamos –y no quiero saber si fue por un voto o por un millón– pero, de cualquier forma, fue un esfuerzo asombroso por parte de todos los que se unieron.
En cuanto a cambios para mi carrera, es un poco pronto para decirlo, pero ahora tengo un hacha sobre mi ordenador, ¡y eso está muy bien!
BL: ¿Y qué podemos esperar ahora de Sigmar?
GM: Bueno, los mayores retos (que sepamos…) ya se han presentado y se han superado en estos tres libros, así que ahora tengo bastante libertad para llevar la historia adonde quiera. He plantado algunas semillas en la trilogía –en particular en el último– para futuras historias y me permitirán explorar la época de Sigmar de nuevas formas y contar historias bastante diferentes, no sólo historias del tipo «el malo aparece y debemos derrotarlo». Aún quedan momentos asombrosos por llegar, sólo que no como os los esperaríais…