EN LAS APARIENCIAS, ALGO FALLA
(Íñigo López Palacios)
"Philip K. Dick, alucinado autor de ciencia ficción, en el 25º aniversario de su muerte. O cómo un ninguneado escritor de género ha acabado siendo uno de los clásicos del siglo XX.
Una noche, Philip K. Dick enfiló el pasillo de su casa para ir al baño. Cuando llegó, en completa oscuridad, se puso a buscar el cordón que accionaba la lámpara. No pudo encontrarlo. Era absurdo, siempre había estado allí, a la izquierda. De repente se dio cuenta de que nunca había habido un cordón. Había, siempre había habido, un interruptor.
Y entonces pensó: "Algo falla".
Podría ser el inicio de una de sus novelas, pero es algo que, según su biógrafo, Emmanuel Carrère, le ocurrió realmente y que, a la postre, marcaría toda su vida. Corrían los años cincuenta, y Dick, en la treintena, aún no creía que su destino fuera ser escritor de ciencia ficción. Él quería escribir novelas realistas. Ser comparado con Thomas Mann. Entrar en el panteón de los grandes. No lo logró. Cuando murió, en 1982, con sólo 53 años, la crítica seria de Estados Unidos aún le ignoraba. Era un escritor menor de ciencia ficción.
Había tenido una vida convulsa. Al nacer tuvo una gemela que murió con sólo un mes, y en su tumba pusieron también el nombre de Philip, dejando libre el espacio para la fecha de su muerte. Sobrevivió vendiendo discos y escribiendo relatos fantásticos por dinero. Tuvo cinco esposas. En los sesenta, su época más creativa, Dick experimentó con el LSD y se convirtió en un gurú contracultural rodeado de una cohorte de seguidores. La revelación le llegó en 1974. Una empleada de la farmacia fue a su casa a entregarle una medicina. Al cuello llevaba un colgante con un pez. Dick lo sintió como un mensaje. "El Imperio nunca dejó de existir". Eso era lo que fallaba. Por eso había un interruptor donde debía haber un cordón. La realidad es que vivía en el 70 después de Cristo. Todo lo demás, California, 1974, y los 19 siglos entre medias, no eran más que una elaborada falsa realidad para mantener al pueblo distraído. Él era un cristiano esperando la segunda vuelta del Mesías. Uno de los pocos que conocía la verdad. A veces creía que era una visión. Que se estaba volviendo loco. Otras, no. Pero siempre pensó que algo fallaba.
"Uno de los problemas claves de la ciencia ficción como género es que sus autores intentan hablarnos de cómo será el futuro. En muchos casos, de un futuro cercano, dentro de 30 ó 40 años. Curiosamente, Dick, por esa obsesión con su hermana, por esa vida paralela que decía tener, resulta muy actual en el tiempo en el que todos tenemos una vida virtual. Eso es mucho más ajustado a la realidad que las historias pensadas por otros autores de su generación, que decían que en 2007 estaríamos en Marte. Dick tuvo una intuición genial", dice José López Jara, de la Editorial Minotauro, que publica sus libros en castellano.
Hoy, en el 25º aniversario de su muerte, Dick ha logrado lo que no consiguió en vida. El máximo reconocimiento: la Library of America, editorial dedicada a preservar la herencia cultural de Estados Unidos publicando sólo lo mejor, ha reeditado cuatro de sus novelas -El hombre en el castillo, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Ubik y Los tres estigmas de Palmer Eldrich- bajo la supervisión de Jonathan Lethem, uno de los más brillantes escritores jóvenes de Estados Unidos y fan declarado de Dick, una decisión no exenta de polémica. Porque la crítica seria sigue viéndole con recelo. En un reciente artículo en la revista New Yorker, se decía: "después de un maratón de lecturas de Dick admiras cada uno de sus conceptos, pero ni una sola de sus frases".
El editor español discrepa: "Como todo el mundo, tiene sus altos y bajos. Pero en sus grandes novelas la técnica es bastante buena". Minotauro celebró la efeméride con una nueva edición de 11 de sus novelas y tres volúmenes de sus cuentos. "Dick tiene lectores muy fieles que lo compran todo. En España hacemos tiradas de 5.000 ejemplares. No es un best seller, es un long seller: la venta es contínua, y al cabo de uno o dos años se reimprime. Pero no es un autor fácil. Mucha gente se ha acercado a él desde el cine y no ha terminado de convencerle".
Este es un hecho relevante. No fue especialmente prolífico: sus 36 novelas no son nada comparadas con los cientos firmadas por Asimov. Pero es uno de los más trasladados al cine. Al menos ocho películas, entre las recientes Next y A scanner darkly, se basan en sus libros. Justo ahora se está rodando un biopic sobre él con Paul Giamati como protagonista.
La ironía es que Dick murió meses antes del estreno de Blade Runner, de Ridley Scott, basada en su novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? . Y hubiera estado bien saber que le parecía. Porque más allá del planteamiento inicial -un futuro donde la vida sintética es indistinguible de la biológica- y de la pregunta final -"¿qué nos hace humanos?"-, casi nada de la película tiene que ver con el libro. Y mucho menos la ambientación. En la novela de Dick no existe esa atmósfera decadente ni esos personajes atormentados y filosóficos. La famosa frase final del monólogo del replicante -"Mis recuerdos se perderán como lágrimas en la lluvia"- fue una improvisación del actor Rutger Hauger. Los personajes de Dick son más básicos, se parecen más al sardónico y básico Hauser que Arnold Schwarzeneger dio vida en Desafío Total.
Porque su obra está teñida de un sentido del humor negrísimo. En su mejor novela, Ubik, los muertos pueden comunicarse con los vivos. Previo pago. Claro que tampoco está claro quien está muerto y quien vivo. Todo en Dick puede leerse desde la clave de la sátira. Cuenta su biógrafo que una de sus anécdotas predilectas era la de la entrevista a Mark Twain. Preguntado por su infancia, Twain habló de Bill, su mellizo. De niños se parecían tanto que, para distinguirlos, les ataban a las muñecas cintas de diferentes colores. Un día les dejaron solos en la bañera y uno de ellos se ahogó. Las cintas se habían desatado. "Nunca se supo quien se había ahogado, si Bill o yo", concluyó. Dick tampoco supo nunca si estaba vivo o muerto. Sin duda, algo fallaba."
Título Original: .
Fecha de Publicación: 26/06/07.
Autor: Philip K. Dick y Emmanuel Carrère.
Editorial: Minotauro.
Nº de Páginas: 320.
Cubierta: Rústica con solapas.
ISBN: 84-450-7636-1.
Precio: 16,00 €.