Y allí llegó Conan de Cimmeria, el pelo negro, los ojos sombríos, la espada en la mano, un ladrón, un saqueador, un asesino, de gigantescas melancolías y gigantescos pesares, para pisotear con sus sandalias los tronos enjoyados de la Tierra...
Un héroe se alza sobre todos los demás en el mundo de la fantasía. Se trata de Conan, el saqueador norteño de voluntad de hierro cuyas audaces conquistas y extraordinarias aventuras vienen atrapando la imaginación de escritores, artistas y aficionados desde hace más de setenta años. Y ahora, por primera vez, todas estas sangrientas hazañas, extraños encuentros, diabólicos enemigos y deslumbrantes heroínas se reúnen en una guía espléndidamente ilustrada sobre la vida y los muchos peligros de la más celebrada y duradera creación de Robert E. Howard, Conan el cimmerio.
Escrita por el conocido guionista y experto en Conan Roy Thomas y prologada por Todd McFarlane, este valioso tomo contiene más de 300 imágenes surgidas de la mano de algunos de los artistas más conocidos del género, como John Buscema, Frank Frazetta, Gary Gianni, Ken Kelly, Gregory Manchess, Cary Nord, Alex Ross, Mark Schultz, Barry Windsor-Smith y muchos otros.
Para los fans de Conan, este libro es un sueño hecho realidad... un sueño que ha tardado setenta años en materializarse. Para los recién llegados a la Era Hiboria y los que acaban de conocer la figura de Conan, el mayor de sus paladines, es la forma ideal de introducirse en un mundo de fantásticas aventuras.
PRÓLOGO DE TODD McFARLANE
“No sé cuando ocurrió exactamente, pero fue alrededor de mediados de la década de los setenta, cuando yo aún estaba en el instituto y me dedicaba a registrar las estanterías de las tiendas de cómics en busca de nuevos títulos de mis superhéroes favoritos. Para gran sorpresa mía, me tropecé con un cómic de Marvel en el que nunca me había fijado, y que tenía un aspecto totalmente diferente al de todos los tebeos que tanto esa compañía como DC publicaban en aquella época. La portada estaba ocupada por un retrato de un sujeto musculoso y melenudo armado con una espada. Es difícil precisar porqué, pero parecía muy diferente a las portadas de Thor, en las que con tanta frecuencia aparecía un tío musculoso y melenudo con un martillo.
Cogí el tebeo y empecé a hojearlo. Impulsado por una corazonada decidí darle una oportunidad y leerlo. Lo adquirí y me lo llevé a casa, donde quedó confinado en el fondo del montón de “cómics de superhéroes pendientes de lectura”. Al cabo de algún tiempo, despaché todos los que lo precedían y volví a encontrarme con el hombretón de la espada. ¡Abrí la portada y entré por primera vez en el mundo de Robert E. Howard y su gran personaje, Conan!
No recuerdo con exactitud de que capítulo se trataba, pero estaba ambientado en algún momento del dilatado período por el que discurren las aventuras de Conan y Bêlit, Reina de la Costa Negra. El estilo de John Buscema, reforzado por el entintado de Ernie Chan, resultaba muy diferente a sus trabajos anteriores, que yo había admirado en cómics de superhéroes como Los Cuatro Fantásticos. El trazado de las figuras era más elegante y expresivo, las poses más dinámicas y la narración más fluida que en cualquier otra de las obras de Buscema que yo conocía. El autor parecía muy a gusto con aquellos personajes y el mundo en el que habitaban.
Y no nos olvidemos de la historia. Aunque yo era consciente de que estaba incorporándome a una aventura ya comenzada, en mitad de un relato más amplio, me sentí como en casa con las cubiertas del barco pirata Tigris y las junglas de la costa Negra. Decidí añadir a Conan a mi lista de lecturas obligadas. A pesar de que un primer momento fue la fuerza de las ilustraciones lo que atrajo mi atención, al cabo de muy poco tiempo estaba totalmente absorto en la rica y salvaje mitología de la saga de Conan, tal como brotaba de la magistral pluma de Roy Thomas. Conan no era el típico personaje sobrehumano y fantástico de los cómics de superhéroes. No era la persona más famosa del universo, como Superman, ni un neurótico atormentado por los sentimientos de culpa, como Spiderman. No era un dios mitológico, como Thor y Hércules. No era el científico más brillante del mundo, como el doctor Reed Richards de Los Cuatro Fantásticos.
No era más que un hombre. Bueno, un hombre muy grane. Un hombre muy grande y muy fuerte y un bárbaro.
Su descripción retrataba a Conan como un ser de “ojos sombríos, (...) de gigantescas melancolías y gigantescos pesares”. Pero además, y esto es lo más importante, carecía de otros poderes que su inmensa fuerza y de su lupina astucia. Para un chico como yo, que estaba creciendo en las grandes llanuras del Canadá occidental, era fácil creer que antes de que la razón y la ciencia transformaran al mundo de arriba a abajo, podría haber existido gente como él.
Mi entusiasmo por el mundo de Conan creció aún más cuando descubrí y empecé a coleccionar las ediciones en blanco y negro de sus aventuras. Las páginas eran más grandes y las ilustraciones poseían una sugerente sinceridad de la que carecían los títulos publicados en color. Más tarde descubrí que esto se debía a que los tebeos en blanco y negro no debían enfrentarse a las mismas restricciones que afectaban a los de color y podían explorar con mayor libertad temáticas más adultas, como el sexo y la violencia.
Y creo que fue en una de las pequeñas notas informativas que Roy Thomas incluía al final de los números de La espada salvaje de Conan donde por primera vez supe de la existencia de las novelas de Conan, la fuente última de toda la épica del personaje. A partir de entonces, añadí a mi colección todas las que pude encontrar. Fue como si me tocara el premio gordo en la lotería, y encima por duplicado. Las portadas dibujadas por Frank Frazzeta eran sencillamente fabulosas. La capacidad que poseía cada una de ellas de combinar dinamismo cinematográfico y narración resultó increíblemente instructiva para un artista en proceso de formación como era yo. Estudiando aquellas imágenes revolucionarias, aprendí muchísimo sobre composición, diseño, trazado de figuras y teoría del color.
Una cosa que también me gustaba mucho era el hecho de que las ediciones de los relatos de Conan estuvieran numeradas. Este hecho apelaba al coleccionista que yo llevaba dentro y me impulsó a tratar de hacerme con una colección completa de ellas.
Y luego, más allá de las coloridas portadas, en el interior del libro, me encontré por primera vez con la formidable prosa de Robert E. Howard. La ambición y el vuelo de quellas terribles historias de aventuras me absorbieron por entero.
¡Era el mejor Conan de todos!
El descriptivo estilo del autor era terrenal y visceral. “Relatos de aventura pura con un toque sobrenatural”, dijo el contemporáneo de Howard, H.P. Lovecraft. ¡Y no bromeaba!
En el mundo de Conan, la barbarie era el estado natural de la humanidad. Era el tipo de mundo en el que la gente asumía que todos los demás eran enemigos hasta que no se demostrase lo contrario. La página de la civilización era fina y quebradiza, y si uno arañaba su delicada superficie, brotaba a raudales un mundo peligroso y rebosante de violencia y crueldad.
Y brujería.
Ah sí, hasta la última de aquellas páginas transpiraba prácticamente el penetrante tufo de la magia negra. Creo que huelga decir que fueron para mí una fuente de entretenimiento sin límites.
A medida que he ido madurando, mi aprecio por los relatos de Conan escritos por Robert E. Howard no ha hecho más de crecer. No deja de asombrarme como pudo crear un escenario tan profuso en detalles y tan convincente con tan pocos relatos a lo largo de un número tan limitado de años. Howard poseía un instinto increíble para la narración de aventuras, un instinto cuyos ecos resuenan aún en nuestros días.
Los reinos y personajes que creó hace más de setenta años para las páginas de Weird Tales han fascinado a generación tras generación de consumidores de cómics, películas y juegos desde su trágica muerte en 1936. Cuando mi compañía, McFarlane Toys, recibió una oferta para crear figuritas de acción basadas en las historias de Conan, nos dimos cuenta de que era una ocasión demasiado buena para desaprovecharla.
Este volumen es un magnífico tributo al universo de Conan, creado por mi viejo amigo, Roy Thomas. Roy fue el primero en hacerme un encargo importante para un título de DC llamado Infinity Inc. A su lado aprendí muchísimo sobre el trabajo en equipo (como por ejemplo, a no volver a trabajar nunca con un grupo de superhéroes con trajes diferentes. ¡Pero esa es otra historia completamente diferente”).
Bromas aparte, Roy Thomas es un auténtico caballero, y su pasión por Conan no conoce igual. A lo largo de los últimos treinta y cinco años ha contribuido, tanto o más que cualquier otro, con ingentes cantidades de tiempo y energía, a mantener encendida la llama de los mitos de Conan. Varias generaciones de aficionados al género de espada y brujería pueden retrotraer al comienzo de su interés a experiencias muy parecidas a la mía: el descubrimiento de Conan en las páginas de un cómic escrito o editado por Roy Thomas.
Así que cuando la maravillosa gente de Conan Properties me preguntó si estaba interesado en escribir algunas líneas como introducción para esta impresionante guía sobre el bárbaro más salvaje del mundo, prácticamente di un salto de alegría. De este modo, no sólo tengo la ocasión de expresar públicamente mi agradecimiento a Roy, sino también de añadir mi granito de arena las conmemoraciones por la obra de Robert E. Howard, así como por supuesto, de dar las gracias al mayor héroe de aventuras de todos los tiempos –Conan el bárbaro- por las incontables horas de entretenimiento que me ha ofrecido a lo largo de una vida entera.”
Tempe, Arizona, 2006.
Título Original: Conan: The Ultimate Guide to the World’s Most Savage Barbarian.
Fecha de Publicación: 09 de octubre de 2007.
Autor: Roy Thomas.
Editorial: Timun Mas.
Nº de Páginas: 160.
Cubierta: Cartoné con sobrecubierta.
ISBN: 978-84-480-3588-4.
Precio: 27,00 €.