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Una puerta luminosa
Participante 82 - Concurso Nación Rolera - 0 Comentarios - Puntuación: 100 puntos (VOTAR)
Después de la muerte no viene el olvido, no por lo menos de aquello que tú me diste, de lo que alguna vez sin remedio me fugaba al pasado para recordar.
Después de la muerte no viene el olvido, no por lo menos de aquello que tú me diste, de lo que alguna vez sin remedio me fugaba al pasado para recordar.
Fue el día de nuestro aniversario de apenas un año cuando el teléfono de la cocina dio tres timbrazos, levante el auricular y recibí la noticia más trágica y dolorosa, la que me hizo sentir lo que jamás había sentido, más que cualquier otra cosa, muerte…la tuya.
El sol resplandecía como nunca y la luna se seguía viendo en el horizonte, las aves cantaban, la gente reía, las parejas se sentaban en las bancas de los parques tomadas de las manos como tú y yo alguna vez lo hicimos, no es cierto que las tragedias estén pintadas siempre en un ambiente lúgubre, ese día más bien parecía darte el mundo la mejor de las despedidas.
No te había visto desde la noche del día anterior, cuando unas mariposas jugaban entre las margaritas buscando la paz que da la naturaleza a la vida, y más específicamente a nosotros dos, amándonos sin pensamientos fugaces que nos pudieran llevar a otra parte, sin hablar de que estábamos tan cerca de poner punto y aparte a un año maravilloso de nuestras vidas, sin pensar yo, que era punto final de nuestra vida juntos.
Mi espacio parece haberse perdido, sin ti la soledad parece haber inundado todo cuanto me rodea, excepto esas veces que sin quererlo huelo tu perfume, tu dulce y enervante perfume fuera y dentro de mi, será que regresas por los besos que nos faltaron… por la vez que prometí millones antes de partir.
A veces me preguntaba si realmente era así, si realmente volvías a mi, que fuera precisamente el día de nuestro aniversario o el día de los muertos, en alguna ofrenda donde eres bien recibida con tus padres, con tus amigos, o bien sentada junto a mí mientras yo y mi melancolía te escriben, mientras siento el volver a mirar tus ojos. Buscaba que te quedaras un rato conmigo juntando tierra; agua, pan, flores, niveles etéreos, golpes de tiempo, ruidos aledaños y a mí; dando besos miradas y abrazos a tu espacio vacío.
No es que los muertos vuelvan a vivir en este día, es que los vuelves a vivir a ellos y buscas darles una entrada luminosa, con las velas encendidas y un papel que corte el aire con figuras de la muerte y con figuras de la vida, un hogar en el cual los visitantes disfruten de lo que les gusta y de ti mismo, donde resurge su esencia y se hace otra vez parte de los vivos.
Mi ángel, mi princesa, mi compañera de vuelo, quédate conmigo, quédate hasta que me duerma que cuando lo haga soñare contigo y estaremos juntos en un nuevo lugar, un mundo nuevo en donde habitan los que se han ido, un mundo de fantasía como en el que volábamos en nuestros días de sol.
Después de mirar la ofrenda que mi madre pone cada año a mi padre, aquella constante por veintidós años, la que siempre me hacia preguntarme si por las noches al bajar por las escaleras a esa puerta estuviera ahí él realmente, tomando una copa de coñac o fumando un cigarrillo, sentado en el sofá que compro hace más de treinta años, me es constante la gracia de que cada año llegas a mi, como el parece llegar a mi madre, por aquellos besos exactos y abrazos perfectos, por aquellos amores que juraron ser eternos, por las palabras que no se llevo el viento.
Miro tu imagen en aquella foto que tome un día de escuela, aquella que en la pared de mi habitación fue inamovible, la que visitaba por largas miradas cuando no estabas conmigo, la misma que adorna tu ofrenda…Reconozco que México tiene muchas tradiciones de gran importancia, pero el día de muertos es la mejor de ellas, me lleva a lo que más quiero sintiendo tu presencia, sintiendo con más fuerza que en cualquier otro momento, que estas aquí, que estas conmigo que realmente eres tú, que realmente puedo respirar tu aliento.
No le temo a la muerte pero no niego que alguna vez le temí, es mejor estar cerca de lo inevitable…
Cerca de ti los días parecen ser siempre perfectos, con el perfume de tu cuerpo, con tus ojos misteriosos que me gusta descubrir, con tu risa que me eleva con tu canto de sirena y los besos…como dejar de besarte, aunque sea ahora solo con mis pensamientos de ti, con el recuerdo de ti, con toda tú, mi tú, mi única tú, como puede ser falso que vienes a mi, aunque sea un poco tiempo, un fragmento de tiempo mi amor.
Dos de Noviembre y estoy aquí contigo, juntos otra vez comiendo nuestra comida favorita y tomando nuestra bebida, dejando los cigarros a un lado por que alguna vez me lo pediste, entrando a nuestra morada, es cada vez más real, visitando a los que siguen aquí por un tiempo, tomando una copa con mi padre en aquel sillón de más de un cuarto de siglo y luego volviendo a donde somos eternos, nuestra nube de queso, mi amante etérea, mi compañera…gracias por recibirnos sin temor, con alegría, con todo lo que se de ti, gracias por consentir a nuestra alma, y por hacer de nuestra entrada una puerta luminosa.
Abriéndose las puertas del cielo te daré los besos que me faltan infinitos y esta será para ti mi carta de llegada, mirándote a los ojos cual si fuera la primera vez que te dije que te amaba, amándote con la misma intensidad desde la vez que levantamos el vuelo y tocamos nuestras almas. No lloró más por ti porque se que no te has ido, porque las sombras de mi cuarto se llenan con los rayos de luz que mandas para iluminar mis días, no estoy loco estoy contigo, mi amor, por eso esto no es una despedida, por eso sigo tomando tus manos y cantando nuestra melodía, por eso y por todo lo que eres para mi, bendita sea la unión de esa muerte con esta vida, y el día que volvamos a tener el mismo cuerpo y nuestra esencia se abrace en el cielo, volviendo a volar uno al lado del otro, glorioso será…bendito será.

Le doy a este relato
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