A continuación publico la crónica de uno de los tantos blogs que pueblan la Internet. Me pareció interesante compartirlo con ustedes, si bien no es un relato de terror propiamente dicho. El texto es anónimo y proviene de un sitio que ya fue dado de baja; pero que, utilizando la función de Word «cortar y pegar», pude rescatarlo antes que se disolviera en el mundo virtual.
Cuando lo leí me pareció inquietante. Jamás entendí porque no lo denuncié ante el servidor; tal vez estaba obsesionado con lo que escribió el autor de la bitácora y no deseaba que el «flujo literario se cortase». El blogger se hacía llamar Papi Sanguinario. Utilizaba un español neutro (ya verán), y jamás mencionaba los lugares típicos de su ciudad. Imagino que los nombres propios que aparecieron en sus relatos eran falsos.
En un principio, cuando por accidente llegué a la bitácora de Papi Sanguinario, pensé que lo escrito había salido de una mente atormentada. Ahora no lo creo, no después de leer las siguientes entradas… Deseo estar equivocado.
3 de abril
«Mi primer asesinato».
Hola, ¿cómo les va? Bienvenidos a mi mundo, el mundo de Papi Sanguinario. Obviamente Papi Sanguinario no es mi nombre, pero no importa. Si quieres puedes llamarme Papi a secas. Vivo en una gran ciudad, llena de hombres y mujeres, por supuesto, pero también de víctimas. Sí, soy un asesino en serie. No me gusta ese mote de «asesino en serie», sin embargo es el único mundialmente aceptado; si dijese: «soy un artista» pensaría en personas como Picasso o Dalí… Aunque podrías llamarme «artista en serie». Sí, me gusta como suena: «Papi Sanguinario, artista en serie», ¡hasta podría hacer tarjetas de presentación!
Querrás saber porque me arriesgo a utilizar Internet, bueno preciso contar lo que hice, necesito testigos de mis fechorías, quiero volverme una leyenda urbana. No te preocupes, soy un experto ingeniería de sistemas, sé lo que hago.
No deseo irme de tema, porque ahora, en esta primera entrada, tengo algo muy importante que decir, o mejor dicho escribir: mi primer asesinato.
Lo cometí a la edad de diecisiete años (puedo dar esa información tranquilo porque no ayudará a los investigadores). Mi víctima tenía veinte años (sí, acertaste, pertenecía al género femenino). Era una preciosura: cabellos dorados, ojos azules, alta, posiblemente hubiese sido una excelente modelo… ¿Me da lástima? Por supuesto que no. Al contrario, siento envidia: ella se volvió famosa gracias a mi trabajo.
Fue en una noche estrellada (no puedo especificar más datos, lo lamento), a las afueras de una discoteca. Por ser menor de edad, no pude entrar; no me importó, lograba ver a mis víctimas desde un tronco que hacía las veces de banco. Podía haber entrado a la disco con una identificación falsa, pero no lo hice: sabía que ese día asesinaría y no quería generar posibles peleas entre la autoridad y yo. Me sentía un verdadero voyeur. A mi primera víctima la detecté cuando salía de la discoteca. Estaba rodeada de un aura que me impactó. Sus amigas giraban como satélites.
—Hola —recuerdo haberle dicho. Ella me miró y esbozó una sonrisa.
—Hola, guapo —respondió. Sí, la naturaleza me dotó de una buena presencia. Además, siempre aparenté más edad de la real, pero también, y es una ventaja para los asesinos como yo, soy olvidable. —¿No te vi en la disco?
—Puede ser —mentí—, aunque si te hubiera visto, jamás te habría dejado.
Ella me sonrió nuevamente, y sus amigas, sabias, decidieron dejarnos solos. Fuimos hasta la parte trasera de la discoteca. Pobre ángel, no sabía lo que le esperaba.
Lentamente, y sin que ella se diera cuenta, fui sacando de mi americana la cuchilla que le pertenecía a mi abuelo (al día siguiente la utilicé durante un asado). La hoja medía treinta centímetros. Estoy seguro que lo primero que vio mi víctima fue el brillo del acero inoxidable salir del bolsillo izquierdo del abrigo. Luego observé el gesto de horror que comenzaba a dibujar sus facciones, e imaginé lo que yo expresaba con mis ojos y mi boca lasciva. Debía de parecer un loco. La cuchilla se elevó en el aire, hizo una curva y aterrizó en el pecho de la muchacha; soltó un alarido. Con dificultad saqué la cuchilla y la utilicé para cortarle el cuello (aquella tajadura debí hacerla primero, y de ese modo impedir que la víctima grite). Lamentablemente tuve que terminar el trabajo pronto, temía que el chillido hubiese alertado a alguien. Antes de irme, le pedí mi trofeo: un mechón de cabello. Lo olí, se había lavado el cabello con un champú fragancia manzanilla. Delicioso.
Bueno, este fue mi primer homicidio. Espero sus opiniones.
Comentarios(1):
Anónimo: Me parece una estupidez tu relato. ¿Tan poca imaginación tienes?
Juan Pablo: Me gustó tu historia, lástima que haya sido tan corta. ¿En serio la mataste?
Papi Sanguinario: Claro que sí; incluso le saqué una foto, pero imaginarás que no la puedo colgar en el blog. Con respecto a lo otro, mi relato fue corto porque no puedo dar más detalles, lo siento.
Lidia: Si es verdad que asesinaste a esa muchacha, te reto a que me mates. No sé en donde vives, pero si visitas…, mi dirección es…(2).
Mariano: Hay que ser tonto para creerse esa crónica. ¿No se dan cuenta que todo es falso? Se esconde detrás de un apodo y no dice en donde mató a la muchacha, y ni siquiera el nombre de su víctima.
Papi Sanguinario: Lidia, aunque no lo creas estoy visitando tu ciudad y debo decirte que vives en una casa muy linda… Nos vemos pronto.
(1) Los nombres de los que escribieron comentarios en el blog de Papi Sanguinario fueron modificados. También decidí eliminar las fechas de publicación de los comentarios y los horarios. El único dato que opté por mostrar fue la fecha de la publicación de la entrada, aunque obvié el año.
(2) La persona informó en que país y ciudad vivía, así como su dirección, pero me pareció que no era correcto publicarla. |