“Hijo mío, nos encontramos ahora en nuestras horas mas oscuras, no sientas pena ni dolor por vernos en este estado ya que a todos nos llega nuestra hora. Solo te pido hijo mío que no me recuerdes como un mal padre que ha arrastrado a su hijo a un campo de batalla el cual puede acabar siendo su propia tumba. Sientes el clamor de la batalla afuera de los portones de roble y es la llamada que clama por mi alma, un alma corrompida por una enfermedad, un ideal de libertad y esperanza que se contagia con rapidez y como has podido ver con tus jóvenes ojos ha traído la muerte a cientos de hombres valientes.
Ruego me perdones por última vez y me des tu bendición hijo mío por que ahora parto a encontrarme con el destino que yo mismo me he labrado con la fuerza de mis manos y el calor de mi sangre, tienes una oportunidad de vivir y no debes desaprovecharla. Ve con estos dos hombres y cumple el último deseo de este viejo loco; Vive, sueña, lucha y ama pero nunca olvides que por tus venas corre la sangre de los reyes olvidados, nunca olvides hijo mío que eres un Dragnerion.”
El viejo loco se inclino lentamente debido al peso de su armadura para besar por última vez la frente de su joven vástago, le revolvió el pelo con cariño, algo insólito en su comportamiento marcial habitual y se incorporo. A un gesto los dos hombres que lo acompañaban cogieron al pequeño de 3 años y se lo llevaron cogido mientras este miraba a su padre alejarse de él con triste mirada.
Una vez su hijo desapareció de la antesala de la muerte el padre dio un suspiro aliviado, se volvió hacia sus camaradas y con voz solemne amplificada por los recovecos de la sala exclamó:
-¡Hermanos, espero que no temáis al dulce abrazo de la muerte y si lo hacéis todavía estáis a tiempo de marchar!- Todos permanecieron expectantes en absoluto silencio y quietud.
-Veo que por lo menos no estoy solo en mi locura- Todos intercambiaron miradas sonrientes.
-Armaos camaradas y preparaos para vuestros últimos instantes en este mundo-.
Se volvió hacia el gran portón de roble y desenvainó su espada, segundos después el murmullo del metal despertándose se repitió una veintena de veces. Dos hombres preparados desatrancaron el portón y se hizo el silencio.
Avanzo lentamente, se coloco justo delante y de una fuerte patada abrió las láminas de fornido roble de par en par, miles de criaturas volvieron sus ojos hacia los nuevos participantes del macabro juego de la guerra.
-¡Que nuestras voces se alcen hasta los mismísimos cielos y sus gritos alcancen los mas profundos infiernos, porque hoy Hermanos míos, hasta los mismísimos dioses temerán el filo de nuestras espadas!-. Todos empezaron a correr hacia el muro de enemigos a la vez que Rosendor clamaba por ultima vez con lágrimas en los ojos.
-¡¡¡¡Que la Luz Guíe nuestros pasos en la batalla!!!!- Clamó.
-¡¡¡¡Y NUESTRAS MANOS LAS ESPADAS AL CORAZON DEL ENEMIGO!!!!- Respondieron al unísono, como un solo hombre al saber el final de su viaje. |