Buenos días, Charlie. Espero que hayas descansado bien. La temperatura fuera de la cúpula es de 62º. La producción industrial ha aumentado en un 3%.
Charlie abrió primero su ojo izquierdo, luego el derecho. Las persiana eléctrica se replegaba ya. El sol del amanecer entraba en su hogar. La voz femenina le daba los buenos días desde un altavoz en la pared. Toda la casa estaba llena de altavoces. Altavoces en el dormitorio, altavoces en la cocina, altavoces en el baño y hasta un pequeño altavoz dentro de la nevera.
La voz de la chica era una voz cavernosa, lánguida, se diría que hablaba desde un lejano y profundo sueño o que fue grabada hace mucho tiempo, olvidándose alguien de apretar el stop.
Buenos días, Charlie. Espero que hayas descan...
¡Bip!
Charlie al fin se levantó de la cama. La voz cesó de repetir su mensaje. Fue hasta la ventana y permaneció durante un par de minutos observando el despertar de la cúpula nº7. Le gustaba hacerlo desde hacía tiempo. La metrópolis se revelaba como un hormiguero de luces al calor del nuevo día. Algo en todas esas pequeñas luces, algo en todos esos monorailes cruzando el espacio vacío entre las altas torres llamaba su atención, haciendo en alguna rara ocasión que su imaginación volase.
Charlie se metió en la ducha. Siempre tomaba una ducha antes de desayunar. Era un ritual que repetía y repetía y repetía desde hacía ya tanto tiempo que no podía recordar ni cuándo ni cómo comenzó. Y a decir verdad no perdía demasiado tiempo pensando en estas cuestiones, sólo cuando algo en su tranquila vida sufría un cambio. Como aquella vez en la que el monorail nº23, que tomaba cada día para ir hasta su trabajo, pasó de largo el andén dejando a todos los pasajeros allí plantados. Ninguno de ellos se extrañó. Se limitaron a esperar el siguiente monorail sin ni siquiera pestañear. ¿Por qué tendrían que extrañarse? El altavoz lanzó una extraordinaria noticia, afuera de la cúpula no se podía vivir, pero dentro... dentro era otra cosa. No tenían ningún motivo para extrañarse por aquello del monorail nº23. Pero Charlie... él sí se extrañó... casi se podría decir que llegó a un estado similar al de la indignación, al menos durante los 10 segundos que duró su rebeldía mental.
Bien hecho, Charlie. La higiene de uno es la higiene de todos. No hay vida posible afuera de la cúpula. Se han construido 2 nuevas líneas de monorail.
Una vez completada su higiene diaria fue a prepararse un nutritivo desayuno:
Leche (de la cúpula nº2).
Cereales (de la cúpula nº8).
Fruta (de la cúpula nº14).
Muy bien, Charlie. Una dieta equilibrada alargará tu vida. No hay reserva alguna de agua afuera de la cúpula. El porcentaje de suicidios en la metrópolis se mantiene en 0%.
Charlie miró su reloj. Entraba en media hora a trabajar. Se puso su ropa de trabajo, un uniforme de pieza única de color caki. En su espalda figuraba el número 43312–7. La última cifra indicaba la cúpula de residencia. Miró de nuevo su reloj. Los dígitos parpadearon con un resplandor verde. Charlie se guardó una manzana en el bolsillo de su uniforme. Sabía que estaba absolutamente prohibido consumir alimentos en el trabajo pero a veces no podía evitar el deseo de llevarse una pieza de fruta o un pequeño bizcocho en el bolsillo, aunque finalmente no se lo comiera.
Debes darte prisa, Charlie. El trabajo de uno es el trabajo de todos. Se han detectado tres nuevos impactos de meteorito afuera de la cúpula. La producción agrícola ha aumentado en un 5%.
Charlie se encaminó hacia el monorail nº23. Se subió en el ascensor de la plataforma C. Una larga cola de ciudadanos vestidos con uniformes caki esperaba su turno. El ascensor se llenó en un abrir y cerrar de ojos. Las puertas se cerraron y comenzó el ascenso hasta la plataforma C.
No bloqueen las puertas, ciudadanos. Hay nuevas emisiones de gases tóxicos afuera de la cúpula. Nuestro sistema educativo se ha revelado como el más eficaz.
El ascensor llegó hasta lo alto de la plataforma C. Los ciudadanos en caki salieron en fila haciendo sonar al unísono el chocar de sus zapatos con el pavimento. Charlie tomó el monorail nº23. Lo llevó como una centella entre las altas torres de la cúpula nº7. El paisaje se componía de torres blancas como marfiles de elefante y, aquí y allá, relucientes cables de tela de araña guiaban los monorailes que surcaban la metrópolis, llenos de ciudadanos en caki al alcance de la vista por las ventanillas, surcando el hormiguero, para caer en el olvido un segundo después.
El monorail es la forma más eficaz de transporte, ciudadanos. El índice de dióxido de carbono ha aumentado afuera de la cúpula. La metrópolis es el futuro, la vida.
El transporte llegó a su destino. Charlie volvió a mirar su reloj. Estaba exactamente en el lugar y hora en que debía, ni un segundo de más o de menos. Se encontraba preparado para desempeñar su función como “gestor de reparto”. Un nuevo día comenzaba y con él se ponía en marcha el mecanismo interno de la metrópolis.
Llegó hasta su puesto, una estancia de paredes lisas pintadas de blanco con dos oberturas oscuras escupiendo dos cintas transportadoras, una señalada como A y otra como B.
Concéntrate ahora en tu trabajo, Charlie. El trabajo de uno es el trabajo de todos. Se han producido 3 nuevas erupciones volcánicas afuera de la cúpula. Nuestro sistema industrial se ha revelado como el más eficaz.
Unas cajas comenzaron a salir sobre la cinta transportadora señalada como A, deslizándose por la lengua mecánica que en su traqueteo metálico producía una melodía ¡click–clack–click–clack–click–clack–click! Charlie las agarró y depositó sobre la otra cinta que las devolvió inmediatamente al interior de la blanca pared.
Y repitió el proceso.
Y repitió el proceso.
Y repitió el proceso.
Y repitió el proceso.
Buen trabajo, Charlie. El trabajo de uno es el trabajo de todos. La temperatura afuera de la cúpula ha aumentado a 65º. Se han construido 4 nuevas instalaciones agrícolas.
Las cajas seguían saliendo con ritmo constante. Sobre su lado frontal se podía leer con unas gruesas letras negras: A–B. Charlie continuó cumpliendo con las labores propias de un gestor de reparto durante horas y horas y horas y horas. Se sentía cómodo con aquella tarea, tanto que sacó su prohibida manzana del bolsillo y comenzó a comérsela. Incluso se dedicó a sí mismo un pequeño baile, nadie podía verlo. Aquella manzana en la boca le hacía feliz por algún motivo. A veces su mente comenzaba a viajar por su propia cuenta. Se imaginaba a sí mismo despertándose, duchándose, desayunando, esperando el ascensor, tomando el monorail nº23, gestionando los repartos, despertándose, duchándose, desayunando, esperan... Comenzó a pensar en todo ello y, en medio del trance, perdió el equilibrio, cayendo sobre la cinta transportadora señalada como B. Fue arrastrado irremediablemente hacia el misterioso mundo tras la pared. La manzana rodó hasta los pies de la maquinaria. Las cajas de la cinta transportada A comenzaron a acumularse formando una demente pirámide.
Charlie no sentía miedo alguno, todo lo contrario, algo en su estómago se contraía, una curiosidad que crecía y crecía electrizándole por completo, cautivándole.
Era un mundo extraño el de ahí adentro.
Deslizante y oscuro.
¡click–clack–click–clack–click–clack–click!
Llegó al fin al otro extremo del túnel.
Llegó a una estancia de paredes lisas pintadas de blanco con dos oberturas oscuras escupiendo dos cintas transportadoras, una señalada como A y otra como B. A los pies de la cinta A se acumulaba un enorme montón de cajas tiradas por el suelo. Junto a la cinta B había una manzana mordisqueda. Alguien está cometiendo una infracción. ¡Verás como se van a poner cuando le pillen!, pensó Charlie.
***
A Charlie le costó conciliar el sueño esa noche. Mil ideas surcaban su mente. Ideas A e ideas B que se cruzaban unas con otras, deteniéndose sobre sus piececitos, saludándose y montando finalmente en el monorail nº23. Luego soñó con telarañas de plata y soles abrasadores. Con niños corriendo por prados de violetas, ciudades vacías y torres quebradas. Voces lánguidas de mujer repetían algo una y otra vez pero se escuchaban tan lejos que no pudo entender nada. Luego vino el monorail nº2 y luego el nº11 y también el nº24 como centellas a punto de pasarle por encima, formando una malla metálica que lo asfixiaba.
Se despertó sobresaltado.
Ya casi era la hora de levantarse.
Esperó metido en la cama.
Buenos días, Charlie. Espero que hayas descansado bien. El índice de radiactividad afuera de la cúpula ha aumentado. La producción industrial se ha incrementado en un 7%.
El mensaje se repitió 5 veces más.
Un zapato voló por los aires en lo que fue un lanzamiento perfecto, voló y voló y voló y terminó por estamparse contra el femenino altavoz, haciéndolo añicos, silenciando la voz lánguida de aquella mujer. |