Busca
 
Dragonlance - Timunmas
Reinos Olvidados - Timunmas
Warhammer - Timunmas
Warhammer 40.000 - Timunmas
Terror - Timunmas
Fantasía Épica - Timunmas
La Rueda del Tiempo - Timunmas
Biblioteca - Timunmas
Tolkien - Minotauro
Ucronías - Minotauro
 
Selecciona Editorial
Escribe tu E-mail
 
 
Starters, de Lisa Price (Destino - Literatura Juvenil)
 
Scyla Ebooks
 
Minisite METRO 2033
 
Literatura de Terror
 
Minisite sobre las novelas de Halo
 
Scyla, Timun mas y Minotauro en Facebook
 
Planeta de Libros
CF AZAR
Gregorio Magno Toral Jiménez - I Concurso Monstruos de la Razón (Ociojoven) - 0 Comentarios - Puntuación: 34 puntos (VOTAR)
Viajando lo suficiente en dirección sur, hacia el Desierto Rojo, aún era posible encontrar a alguien, algún habitante de aquellas tierras olvidadas, capaz de señalar con el dedo una insignificante estrella en el firmamento.
Capitán Ifron Earth. Aquella mañana miré de nuevo la placa metálica que desde hacía 10 años portaba sobre mi uniforme negro. Entonces sentí como si por primera vez hubiese reparado en el origen de mi apellido. En el espejo un hombre, un nombre y una referencia a un lugar. Por primera vez fui consciente de por qué portaba aquel significativo apellido.

Quizás fuera sólo la casualidad la que me llevó a participar en la expedición. Es cierto que tenía la edad adecuada y un perfil genético exclusivo, reservado a la selecta minoría de la población que sería instruída para comandar viajes espaciales de alta velocidad, la suficiente para alcanzar el que en otro tiempo fuera nuestro planeta. Todo encajaba y sin embargo no me identificaba con mi destino, ‘volver a la Tierra’ ya no era una expresión de mi generación, que no había vivido la crisis, la profunda nostalgia y el desamparo de las primeras décadas tras la Evacuación. Mi generación no echaba de menos nada de aquel planeta que giraba alrededor de una estrella olvidada que empezaba a marchitarse, que agotaba su combustible camino de un más que previsible colapso.

Viajando lo suficiente en dirección sur, hacia el ‘Desierto Rojo’, aún era posible encontrar a alguien, algún habitante de aquellas tierras olvidadas, capaz de señalar con el dedo una insignificante estrella en el firmamento e identificarla como ‘nuestra primera fuente de vida’. Pero el norte había crecido demasiado rápido para recordar un pasado tan lejano.

La anticipada desaparición de la estrella que mis antecesores llamaron ‘Sol’ era la razón de nuestro viaje a través de la vía lactea. Había un mensaje, una fecha definida por aquellos últimos habitantes de la Tierra con absoluta exactitud, acompañada de unas coordenadas terrestres precisas, que había soportado el paso del tiempo y había llegado hasta nosotros como una cita ineludible, un viaje inexcusable antes de que para aquella estrella fuera demasiado tarde. Lo que me provocaba especial inquietud era que no se sabía nada sobre lo que ocurriría en la tierra en esa fecha y por qué debíamos estar allí para verlo, ahora que estábamos tan lejos de aquel olvidado planeta.

Desde luego aquellos días no eran los más propicios para emprender este tipo de empresa. Las luchas de poder entre los ‘Grandes Estados’ habían sembrado la destrucción y la pobreza por todo el planeta tras 10 largos años de guerra. Incluso las poblaciones que habitaban a un kilómetro bajo el hielo en el ‘Gran Norte’, que siempre habían escapado de este tipo de desastres gracias a las grandes planicies heladas y la incomunicación con la superficie, estaban sufriendo las consecuencias de la guerra química, recibiendo filtraciones de ACM, el último avance en bombas de diana genética.



Quizás fuera sólo una casualidad que mi perfil genético fuera el único que estaba realmente a salvo del ACM. En lo que podría entenderse como un arrebato de sensatez, había sido diseñado por el hombre para no poder ser eliminado por él mismo.

El viaje había sido más tranquilo de lo esperado, aunque quizás esa sensación de calma estaba relacionada con los efectos secundarios de la ‘Hibernación Inducida’, necesaria en este tipo de expediciones. Todo marchaba según lo planeado. En unas 2 horas terrestres (ahora medíamos el tiempo según aquella antigua escala, pues era necesaria una absoluta precisión temporal) llegaríamos al ‘Punto Respuesta’, como había decidido llamar al lugar designado por aquellas antiguas coordenadas.

Teníamos buena visibilidad, y nuestros trajes soportaban bien los 97ºC de aquel planeta que en otro tiempo había tenido un clima capaz de albergar vida y una concentración de dióxido de carbono admisible para sus habitantes.

Faltaban veinticinco minutos para la hora señalada. Mi equipo y yo esperábamos impacientes en una explanada metálica circular cubierta de antiguas e ineficientes células fotovoltaicas. Era lo que habíamos encontrado en el ‘Punto Respuesta’. Se me antojaba pensar que también en la luz ambiental había un resplandor metálico, aunque no le presté mayor atención, pues no estaba acostumbrado a ese tipo de luz tan blanquecina.

Me debatía en una mezcla de sentimientos entre el escepticismo y el miedo cuando de repente nos envolvió la oscuridad. Al mirar hacia aquella estrella vimos un último resplandor y luego una imagen espectacular, algo que hacía muchísimo tiempo no comtemplaba ningún ser humano: estábamos viendo un eclipse total de sol. La visión de aquella estrella cubierta totalmente por el único satélite de la tierra, que por puro azar coincidían en diámetro aparente en el firmamento, resultó estremecedora.

Instantes después algún mecanismo se activó a nuestros pies, la plataforma comenzó a temblar levemente y se abrió un pequeño orificio rectangular en su centro que arrojaba un débil resplandor. En ese hueco encontré una pequeña caja metálica con un sencillo mecanismo de apertura. En su interior realmente había una respuesta para todos nosotros: acompañando una completa colección de muestras genéticas, suficientes para reproducir un amplio procentaje de las especies que habitaron la Tierra antes de su deterioro y abandono, había un mensaje:

‘Recordad que sólo somos el más insignificante fruto de la casualidad. No marchiteis lo que creeis poseer por derecho. Empezad de nuevo.’


Gregorio Magno Toral Jiménez

Le doy a este relato
puntos

Nombre
Comentario
     Introduce el código
 
 
Cazador de almas (Dembski-Bowden, Aaron) - Warhammer 40.000
Cazador de almas
Autor: Dembski-Bowden, Aaron
Ríos de Londres (Aaronovitch, Ben) - Fantasía
Ríos de Londres
Autor: Aaronovitch, Ben
El camino de la magia. Antología (Adams, John Joseph) - Fantasía
El camino de la magia. Antología
Autor: Adams, John Joseph


     
Grupo Planeta