Las mujeres se pierden porque alguien las prostituye, siempre hay un hombre detrás de ellas que les causó su desgracia, bueno desgracia diría yo, aunque para algunas es su modo de vida. Sé de muchas que se les ha dado la oportunidad de llevar una nueva vida y se han rehusado; aunque no es el caso de las damas que nos ocupa, lo que sí es cierto es que hubo un personaje del sexo masculino, quien fue el que se encargó de prostituirlas.
De Buga llegaron importadas estas damas, procedentes de distinguidas familias, de La Ciudad Señora a la ciudad capital del departamento. Eran dos damas elegantes, jóvenes y atractivas, pero la curiosidad, ávidas de probar experiencias y por sobre todo dispuestas a fornicar, fue así que terminaron siendo prostitutas.
El causante del rumbo que tomarían sus vidas, un hombre residente en la ciudad capital, pero con experiencia como proxeneta, ya estaba acostumbrado a abordar jóvenes y aún inclusive niñas menores de edad para inducirlas y hacerles propuestas indecentes. Si regresáramos varios años atrás, no se podría augurar, ni pasaría por la mente del más atravesado, que este hombre que a sus diecisiete años todavía hablaba con la cabeza baja, no miraba a su interlocutor y se apenaba cuando le dirigían la palabra, venía de relacionarse sexualmente con burras en la costa y se vendía por dinero con hombres de mayor edad. Pero los años pasan y la vida se encarga de abrir las mentes malvadas de algunos. Ahora la vida le había sonreído, negocios ilícitos y conexiones con el bajo mundo de los reducidores de artículos robados, le habían permitido obtener algún dinero y se movilizaba en un auto último modelo, no muy costoso; pero el hombre conocedor de lo atractivo de un auto nuevo a las mujeres, aprendió a sacar provecho de ello.
Rápidamente, aprendió de la idiosincrasia humana y no se sabe cómo, perdió su timidez. Se volvió una persona lanzada en especial con las mujeres, no le importaba edad, procedencia, la presencia misma de la mujer, fuera joven o niña, ni siquiera su estrato social y se lanzaba directamente: “quieres dar una vuelta, comerte un helado, ir al centro comercial”, etc. Dice él mismo que una vez entablada una conversación pocas son las que se rehúsan a aceptarle una invitación, lo demás ya es pan comido, dice el hombre, el dinero hace el resto, es algo que nadie rechaza; plata en mano, varios billetes de cincuenta mil, mientras miran a todos lados estiran una mano y los toman.
En el caso de las damas llegadas de Buga ellas fueron abordadas en su ciudad durante una visita, que hizo el individuo en cuestión, a la basílica de los milagros a pagar una promesa o pedirla, igual da. Después que salió del recinto se dirigió en su vehículo a un restaurante, estando allí le llamaron la atención dos damas muy bien puestas, que tertuliaban en una mesa cercana, el hombre les dirigió la palabra, lo habían visto descender de su auto y le asintieron su charla; el ocupó la mesa de ellas, las invitó a almorzar y una vez que hubieron terminado les dejó su número celular, así como se llevó el de ellas, no sin antes invitarlas a pasar en Cali una tarde de paseo, invitándolas a su apartamento, cosa de la cual estuvieran pendientes, que él las llamaría, las damas estuvieron de acuerdo.
Llegó el día que el individuo llamó a las damas de Buga, les dijo que un amigo suyo de la ciudad de Cali, estaba interesado en conocerlas, ya el previamente les había hablado de ellas, que el tipo era un hombre de negocios, propietario de empresas de televisión por cable, que ganaba mucho dinero y que las invitaba a su propio apartamento y pasar un día que seguramente les agradaría mucho, máxime que el tipo les daría en gratitud doscientos mil pesos! La dama que recibió la llamada no salía de su asombro al otro lado de la línea, sus ojos estaban agrandados e iluminados y una expresión de satisfacción se reflejaba en su rostro; le pasaban docenas de escenas por su mente en ese momento y lo mejor fue decirle al sujeto que se pondría de acuerdo con su amiga y que más tarde le confirmarían. Se pusieron de acuerdo las dos damas, hicieron planes con el dinero que recibirían, dilucidaban si los doscientos mil pesos serían individuales o en total, pero sí podría ser a cada una, cabía la posibilidad; una y otra vez cambiaban una situación por otra, desde comprarse los últimos zapatos y bolso de moda para combinar en conjunto, hasta darse un viaje por San Andrés o alguna playa en el caribe para broncear sus cuerpos y ponerse más atractivas a los ojos de los hombres; ya hacían planes de ganar dólares, dependiendo de las amistades y personas importantes que conocieran en la ciudad de Cali; claro que ellas consideraban que deberían hacer de damas de compañía y venderse, pero al fin y al cabo escogerían hombres igualmente atractivos y disfrutarían con placer del sexo.
Marcaron el número celular del hombre contacto de negocios y acordaron la cita, el día y la hora que deberían recogerlas en el Terminal de la ciudad, pues ellas llegarían en una van, buseta pequeña climatizada y rápida, que hace el viaje directo en corto tiempo. Se había asegurado el hombre contacto deleitarse él también al involucrarse en el grupo, pues ya había resuelto conformar el cuarteto, dos parejas, con el amigo escogido; el único inconveniente era que el hombre contacto todo se lo había explicado a su amigo, que las damas eran señoritas de familias prestantes de Buga, agradables, bien dotadas, etc., menos de que debería pagarles doscientos mil pesos.
Llegaron las señoritas de Buga al Terminal, fueron recibidas por los dos supuestos caballeros, hombres de negocios, propietarios de empresas. Las dos damas venían realmente muy bien trajeadas y olorosas, una de ellas lucía una despampanante minifalda luciendo unas bien torneadas piernas y un escote que dejaba ver dos buenos atributos originales que la madre naturaleza le había dado. La otra sin lucir menos atractiva, no se mostraba tan sensual como su compañera, pero su apariencia de mujer bien conformada era evidente y de poseer un curvilíneo cuerpo, que se traslucía tras los ajustados jeans y su corta blusa de la que amenazaban escaparse sus frondosos senos.
Los hombres entusiasmados ante semejante compañía, rápidamente se dirigieron en su auto al sur de la ciudad, invitándolas primeramente a comer y luego irían a tomarse unas copas a alguna discoteca. El hombre invitado, quien era el que supuestamente aportaba el dinero, se acomodó en la parte de atrás de su auto con la dama de la minifalda, disponiendo que el otro personaje condujera y así se distribuyeron por parejas. El sujeto de la parte de atrás del vehículo aprovechando las circunstancias y los vidrios polarizados del auto, no esperó llegar a algún sitio y comenzó a acosar la dama, que dadas las circunstancias y su disposición en minifalda respondió febrilmente a las caricias del sujeto, cosa que cuando llegaron al restaurante ya habían practicado sexo en el auto, situación que la dama de adelante siguió con avidez y se ocupo en lo que pudo de su acompañante el conductor.
Luego de cenar, resolvieron trasladarse al apartamento del invitado, donde tomaron wisky Bukanas cosecha doce años, que mantenía el susodicho en su bar. Después de varias horas en las que dieron rienda suelta sus ansias desenfrenadas de parte y parte, las damas estaban ávidas de relaciones y se explayaron satisfaciendo a los hombres en todas sus exigencias. El propietario el apartamento propuso salir y dar una vuelta por la ciudad o discoteca, todos estuvieron de acuerdo, pero lo que realmente quería era deshacerse ya de las mujeres, aunque no manifestó allí en ese momento sus intenciones.
Decidieron tomar rumbo al norte de la ciudad, ya el hombre invitado iba conduciendo el auto de su propiedad y resolvió dirigirse al Terminal, comprarles el tiquete a las damas y despacharlas a su casa en Buga. Por un momento todos iban callados, ya no había acoso, ni manifestaciones de sensualidad ni por parte de los hombres, ni de las mujeres, mucho menos ellas que iban pensando que ya era el momento de recibir el dinero y no se atrevían a mencionarlo, pero era lo único que pasaba por la mente de ambas; el hombre contacto tampoco decía nada, permanecía callado, no sabía como decírselo al invitado. Cuando se acercaban a la avenida de las Américas el hombre invitado dijo, -bueno ya nos divertimos bastante, pasamos muy rico, ustedes están muy buenas, pero lo mejor es que se vayan para su casa y no vayan a llegar tan tarde a la madrugada, ya estuvo bueno por hoy, las vamos a dejar en el Terminal, otro día las recogemos; en ese momento una de ellas no lo dejó terminar y le interrumpió diciendo -y nuestro dinero qué? -Cuál dinero respondió el hombre, -los doscientos mil pesos, dijo la otra mujer; -cuáles doscientos mil pesos, a mi no me dijeron nada, además comieron, pidieron lo que quisieron, porque hambre si traían, pasearon en mi carro, se tomaron mi wisky cosecha quince años, aumentó tres años de añejo el sinvergüenza, qué más quieren p... de mierda! En ese momento las mujeres sacaron sus uñas y comenzaron a insultar igualmente a los dos sujetos, el conductor paró el carro, se bajó del vehículo y dispuso a tirar de las mujeres para bajarlas a empujones del carro, hubo forcejeo; eran dos contra uno, el otro sujeto, el hombre contacto, no se movía de su puesto, aunque recibía toda clase de insultos y arañazos; -conejeros hij......... gritaban las mujeres. En eso una patrulla motorizada de la policía pasaba por el lugar, al oír la trifulca se arrimaron al vehículo, rápidamente se dieron por enterados de la situación y no sabían si atender a las mujeres conejeadas, que a los ojos de los policías parecían como reinas, ellos no sabían si sacar partido de las mujeres o acometer alguna acción contra los hombres, ya el conductor se había subido al vehículo y se disponía marcharse, pero una de ellas se lo impedía colocándose descalza frente al vehículo que amenazaba con arrollarla en su afán de irse del lugar, la otra mujer se ocupaba de recoger los zapatos y carteras que se habían desparramado por la avenida. Los policías también les gritaban a los sujetos -conejeros aprovechados, dónde está el dinero? Los vamos a llevar a la inspección a todos, y como el conductor amenazaba volarse de la escena, uno de los policías disparó su arma al aire con el fin de detener la huida, consiguiendo el efecto, pues los hombres detuvieron el auto y se bajaron. Las dos “damas” frustradas resolvieron, ante la negativa de los hombres que sacándose los forros de los bolsillos y mostrando las billeteras vacías pretendían comprobar que no tenían dinero, que les dieran la plata de los pasajes que ellas se iban a coger el bus antes de que se les hiciera más tarde y rogaban a los agentes que no las condujeran a la inspección, pues ellas eran señoritas de buenas familias de la ciudad de Buga, honradas y honorables, que habían sido aprovechadas y engañadas por los sujetos; los policías las miraban indecisos y con ojos codiciosos y lascivos no atinaban que pensar, si aprovecharse también de las mujeres o sacarle dinero a los tipos, lo cierto es que los agentes resolvieron darles diez mil pesos a las mujeres, que tenían para la gasolina de la moto, y que se marcharan, entre tanto conducían a los sujetos al calabozo para que respondieran por el ultraje a las mujeres, intento de agresión y tentativa de arrollar a la autoridad y a las damas con su vehículo.
Una vez se marcharon las mujeres, sollozando, despeinadas, descoloridas y....., los sujetos fueron conducidos al calabozo con auto y todo, al menos esas eran las intenciones de los policías. Ante la inminente situación que les esperaba afrontar los sujetos decidieron convencer a los agentes de ir al cajero automático y transarlos por una suma de dinero, los agentes pedían cien mil pesos y los sujetos ofrecían cincuenta mil. Al no ponerse de acuerdo fueron conducidos a la inspección de policía. Estando allí y antes de que los encerraran en el calabozo, pidieron permiso para llamar por celular a un tercero, amigo de ambos y hombre de “negocios” igualmente. Ya en la inspección los agentes amenazaban con encerrarlos y llevar el carro a los patios del tránsito, pero los sujetos pidieron tregua, mientras llegaba el “amigo”.
Los policías midieron el bolsillo y la capacidad de pago de los “conejeros” y exigían una buena suma de dinero. Cuando por fin llegó el amigo, ya rayaba el alba del amanecer del nuevo día, procedió a firmar por ellos, los sacó de la inspección y les iba diciendo a sus amigos que para que los dejaran salir, había tenido que cancelar la suma de cuatrocientos mil pesos! Que ahora deberían pagarle a él por su gestión. El sujeto les debía dinero de unos artículos con él negociados y era el momento de cruzar las cuentas, cosa que asintieron no de muy buena gana los ahora aburridos, trasnochados, amanecidos y maltratados conejeros.
De las prominentes damas de Buga no se volvió a tener noticia, lo que si se puede concluir, después de tan particular experiencia, es que en la siguiente oportunidad habrán exigido les cancelen por delante, así no sea con dolores, perdón con dólares. |