Busca
 
Dragonlance - Timunmas
Reinos Olvidados - Timunmas
Warhammer - Timunmas
Warhammer 40.000 - Timunmas
Terror - Timunmas
Fantasía Épica - Timunmas
La Rueda del Tiempo - Timunmas
Biblioteca - Timunmas
Tolkien - Minotauro
Ucronías - Minotauro
 
Selecciona Editorial
Escribe tu E-mail
 
 
Club de Lectura La Espada de Fuego: conoce a Javier Negrete
 
Scyla Ebooks
 
Minisite METRO 2033
 
Literatura de Terror
 
Minisite sobre las novelas de Halo
 
Scyla, Timun mas y Minotauro en Facebook
 
Planeta de Libros
El Sr O
Participante 32 - Concurso Nación Rolera - 0 Comentarios - Puntuación: 49 puntos (VOTAR)
Homenaje mudo. El Sr. O habita en una de las casas abandonas en la cima del cerro San Cristóbal. Porque algunas cimas están en las simas. Al pie de la inmensa cruz que vigila silente la ciudad.
Homenaje mudo. El Sr. O habita en una de las casas abandonas en la cima del cerro San Cristóbal. Porque algunas cimas están en las simas. Al pie de la inmensa cruz que vigila silente la ciudad. Duerme sobre un viejo petate que a su vez descansa en la superficie fucsia que él mismo recubrió en una noche de insomnio. Todas las gaviotas son un gran despertador por las mañanas, tardes y madrugadas. Los gallos persiguen a las palomas que junto a los humanos persiguen el maíz y migajas de pan arrojados por aquellos hombres gigantes que alcanzaron tal talla en busca de la creación de la propia riqueza y miseria ajena mientras los gallinazos planean observando a otros dedicarse a lo que era para ellos, su antiguo oficio. Acompañado y acompasado por cientos de aviones y barcos de papel que hace a tiempo de que el sol se oculte tras el cerro, la cruz y él. Décimo sexta letra del abecedario español. El Sr. O suele comunicarse con la voz que le da su nombre. Cuarta de sus vocales y la más sonora después de la a. Súper héroe negado que cohabita junto a los habitantes de aquella oscura y miserable ciudad, producto quizá de la desidia, avatares, contingencias o de la herencia genética, ataviado siempre, hasta cuando pernocta de una máscara blanca, cuya prominentes protuberancias en lo alto de la misma, se asemejan a las orejas de un conejo y la cornamenta de un cebú. Pronunciase emitiendo la voz con los labios un poco sacados hacia fuera en forma redondeada y libre, gran parte de la cavidad bucal por retraimiento de la lengua cuyo dorso se eleva hacia el velo del paladar.
Obedecer siempre será el más abstracto óbice para el Sr. O. Auto ordenándose traer alimento para sí mismo, dedìcase a engullir los aviones o barcos de papel según el menú del día lo ordenase. Objetando con ello las razones del hambre, la existencia y la propia miseria. Acusado de estéril, aunque con la máscara pareciera siempre un conejo humano y siempre convocado para labores cuya ejecución sea menester la irrebatible rudeza de un cebú, porque las prominentes protuberancias de la máscara que ataviada lleva, así lo sugiera. Sí, de aquella bestia, cuya sumisión y rudeza proviene del castramiento. Teniendo siempre inserto en el viejo “tocacaset” NATIONAL, la melodiosa voz de Farinelli “il castrati”.
Óbito, oasis, obcecación, obelisco y obertura. En la real miseria no hay obesidad. Los obispos se avispan y toquetean a los pequeños señores Oes. Mono de color negro que duerme de día con la cabeza metida entre las piernas. Obiubi. Objeto de deseo de los gallinazos cuyos pequeños ataques de sus viejos instintos asechan. Oblea, es la carne que se expone para entregarse al dios más humano. Job, word y work. Iza una bandera roja y blanca que, en cuyo espacio intermedio y blanco inserta un cuadrado azul con la blanca estrella solitaria para luego incinerarla a vista y paciencia de los gallinazos que sonríen mientras planean el cielo gris de aquella ciudad para luego izar una inmensa bandera blanca o, negra según la ausencia de luz solar, lunar o artificial. Se pronuncia su cuerpo oblicuo mientras observa de vez en vez el candil detrás del cerro San Cristóbal buscando el sol o como dicen algunos antiguos habitantes, “el gringo”, que ahí, fue a descansar ayer o mañana.
En el mercado donde se venden las sobras del pueblo grande, una señora que vendía finos huesos de pollo débilmente mordisqueados por los hombres gigantes le inquirió: -¿Usted tiene mascotas en casa? Porque para ellos tengo podridos hilos que puedan engullir a modo de búsqueda de la madeja. Èl atento y educado respondió: -Si, tengo un gato llamado Vallejo y un perro llamado Romualdo, que taxidermizados, siempre les oigo recitar a coro y susurrantes sus viejos poemas inéditos. La señora en ese instante le obsequio el viejo “tocacaset” NATIONAL diciendo: -Excelso, entonces la próxima semana que usted vuelva por el silencio correspondiente le rogaría que me traiga una que otra grabación espontánea de aquellos inéditos poemas.
En las tardes torna sus penas oblongas al pintarlas. Conjunción disyuntiva que denota diferencia, separación o alternativa entre dos o más personas, cosas o ideas. ¿Cuál es su nombre real? ¿Antonio o Francisco? Obnubilado coge el oboe y convoca a las sirenas que le adiestrarán (o en su defecto siniestraràn) en la afinación del mismo. De Èl mismo. A veces cuando muere de hambre se auntoinquiere ¿Óbolo de qué, para qué y para quién será su existencia? Concluyendo a veces que su obra principal es la mudez y el no pensar. Raro optimismo efímero. Recordando siempre que su mayor gesto de obscenidad fue dejar caer sus pantalones ante unas ancianitas asegurando que, ellas en esos instantes recordaban los sucesos más “hots” de sus existencias. A ninguna se le detuvo el corazón. Recalando siempre en la posibilidad de irrumpir en una sonada fiesta y saber la canción de moda que todos cantan y bailan y, olvidar al fin los poemas que su gato Vallejo y perro Romualdo le susurran a ritmo de la melodiosa y aguda voz de Farinelli. Èl es el castrati. ¿Cuanto castra la sociedad? ¿Incluso en la ficción?
Con los sentimientos de culpa propios de un cristiano queda, cual resaca espirituosa, cuando recuerda como momentos antes recurrió al gesto obsesivo de hacer bolas de barro o excremento y engullirlas junto a los cerdos que encuentra como resiclador de silencio a lo largo, ancho y hondo de la ciudad y el pueblo grande. Porque algunos ángeles de hambre y miseria moral engulleron sus alas y hoy envidian a las aves cazándolas, pero lo particular de ello es que jamás lo hacen con los gallinazos. ¿Por qué?
Alguna vez en un diccionario que, era parte del botín de recolección de silencio, halló el sustantivo obsidiana. Mineral volcánico vítreo de color negro o verde oscuro. El negro no es un color, es la ausencia de luz y el blanco, la presencia de la misma. Definiciones absurdas que, son su más maniático tesoro. Mientras sueña con el obús que pondrá fin a los días de quien intente asesinar al hijo que jamás podrá tener. Oxigeno. Pato, patillo, ánsar, ánade, Pekín, pavo, ganso u oca. El ludo siempre es mejor cuando lo juegas a solas y los únicos participantes son sólo la mano izquierda y la derecha. Aunque alguna vez intento abrir, un extraño dado azul, con la cabeza, para hallar así, el lado séptimo y octavo. Soslayo. Occipucio, occipital, ocasión, ocaso, océano y Oceanía. Siempre cree oír en sus sueños aquellas palabras dichas por su madre que se negaba a ser sumergida viva en el mar de la isla El Frontón. San Lorenzo. Finos par de zapatos rojos de taco aguja diez flotando.
Alguna vez y en la desaparecida escuela en que cursó la primaria, le interrogaron a son y ton de broma por: ¿Cuál era el país cuyo nombre se inicia con la letra O? Él respondió: Es el único país que no tiene fronteras y que por ello existe y habita a su vez en todas las naciones, el Ocio y yo me considero su mayor embajador. Todos rieron mientras el soñaba con el triunfo de aquel gran país que dejara en las condiciones actuales a quienes en esos instantes sonreían.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, ocho, ocho, ocho, ocho, ochocientos ochenta y ocho, ocho mil ochocientos ochenta y ocho. Detención de las materias fecales en un punto del intestino. Acumulación en él, de cuerpos extraños que se han ingerido, etc. Buscando siempre también, el ocote. Especie de pino muy resinoso, cuya madera hecha rajas, sirve para encender los hornos, hacer luminarias e iluminar la choza de los indios. Ocre y octaedro. El infinito vertical persistiendo siempre en la palma de su mano izquierda. Aplíquese al polígono de ocho lados y ocho ángulos. U, t, c s, m. Algunos dicen que tuvo una hija y que adolescente y en el mes de octubre viajó rumbo al país del argentum. Algunos dicen y otros viajan. Milagro de cualquier óbito. Composición para ocho instrumentos u ocho voces. Ocultismo. Bajo el petate en que pernocta a diario hay un hoyo en que siempre oculta una del par de cucarachas que siempre atrapa mientras que la otra la engulle ¡Crash! ¡Crash! ¡Crash! ¿Cuántos gusanos caven en una O cuyo potencial diámetro es infinitamente indeterminado? Dice un orate mientras intenta encender un cigarrillo húmedo. ¿Plaj? Plan de quietud.
Desesperado y desaparecido halló a una odalisca de Huancayo, desnuda junto al cadáver de una anciana que recostada a su lado movía serpenteante su liso y torneado cuerpo y que al saltar la barda que separaba ambas azoteas le inquirió:
-¿Aquella danza que ejecutas es la oda a la senectud? Sol y Odìn. Dioses que se moldean con barro. Creador de todas las cosas. Preceptor de la guerra, el entusiasmo poético y artes mágicas. Hacer de aquel maravilloso invento llamado televisor un florero de imágenes intermitentes. Odia las odiseas en travesías de barcos de metal so pretexto de que sus barcos de papel en algún instante emprenderán viaje sobre el alejado cielo azul ¿Porque algunos odontólogos confunden a algunas muelas extraídas con mujeres desnudas e hincadas? Oreja, oeste, odre. Porque cuando evacua su silencio sobre el escusado suele leer: MUERTE DE LA JUVENTUD POLÌTICA Y CUESTIÒN PERSONAL (en caracteres japoneses) OÈ. Nòbel, Kensaburo. Algunas ofensas son ofertas ineludibles. En el ofertorio el cura desea a una ex amante que vuelve a ver entre los feligreses. Su cáliz bajo un apetecible vino. El oficio oficial de merecer la miseria, mas no la muerte aún. Reptiles que carecen de extremidades, tienen la boca dilatable con dientes y cuerpo largo y estrecho revestido de piel escamosa que se muda todo los años. Como la miseria misma. Una miseria tras otra.
O’higgins, Covadonga, Esmeralda, Huàscar y Grau. Olmos. Orange. O clock. Mecanic. Oír. Ojear. Bajo el arco ojival recuerda la procreación de las sombras. Ojo De Agua. Departamento de la república de Argentum en la provincia de Santiago Del Estero. Superficie. 6 500 m2. Porque dibujar las huellas de ojotas mientras caminaba descalzo era un acto de enrevesada elevación. Mamífero rumiante del África Central que tiene el tamaño de un caballo pero que por sus formas recuerda a la jirafa, aunque con el cuello mucho más corto y robusto y dispuesto en sentido horizontal. Su pelaje es pardo y rojizo, con las piernas rayadas de blanco como las cebras. El Sr. O, de vez en vez se pinta las piernas como los okapis pero ineludiblemente enmascarado. El verbo de la muerte es una consagración a la vida. Porque en la orilla frente a la mar suele atacar las olas dejando que éstas revuelquen su cuerpo cansado tras la inmejorable faena en busca del silencio más sinuoso hallado por ninguno. Químico húngaro nacionalizado estadounidense. ¡Olè! ¡Hijos de la púa patria! Oler y olear. Individuos que durante su ciclo vital presentan escasas formas o fases de desarrollo. Oligarquía. Mono de los llamados aulladores y cuya voz es de gran potencia. Oes. Olingo. La atrevida ignorancia que por azar recae en la sabiduría. Conocimiento. En una olla el hoy inmenso Sr. O deja caer sus aviones de papel porque intempestivamente amaneció muy apetente. El amor de algunas bestias mientras se engullen. Sociedad. El olvido, rebuscada fantasía del Sr. O. Ocho más tres. VEINTICUATRO. Un extraño día de tres y consecutivos periodos de once horas. Oneroso el destino del miserable mundo del Sr. O. Un genio necesita la presencia de un ser intelectualmente inferior para comprobar siempre su cualidad de genio. Algo como el día y la noche. Suele decir que el canto rodado que a diario cruza por las mañanas o noches en las afueras de la iglesia abandonada es ciertamente opaco ónice y que él sí que sabe ver su brillo por poseer el conocimiento heredado y enterrado ahí por sus antepasados. Doscientos ochenta y siete decigramos. Una de las dieciséis partes iguales de una libra. Èl nació un 27 de septiembre. Y, la del marco de plata que se divide en ocho ochavas. La balanza. Dieciséis adarmes. El opio de los comunistas es la miseria. El opúsculo de su paso cansado. Su patria es del signo Leo.

En aquel decadente orbe transita y transmuta el Sr. O. Puede decirle Ud. Sr. Caballo. Siempre suele decir y reafirmar que alguna vez halló en la mar de Ventanilla, una orca que conservó al secar su carne al sol y con sal y que sus agallas le sirvieron para un extraño rito místico. Porque sobre la arena dibujaba hermosas y grandes vacas para luego ordeñarlas y leche pura beber. La orfandad en que los niños nacen y crecen. Porque utiliza un viejo órgano malogrado para rememorar las pocas misas a las que concurrió.
La noche está por llegar para el Sr. O. Abre la puerta de su cuasi morada. Un reloj de cuarso flota en la letrina. Observa tras la ventana el halo naranja que el sol deja al internarse tras el cerro o en la mar. ¿El sol se ahoga o se entierra? A su vez la luna coqueta surge del cerro o la mar. Algunas definiciones y conceptos se han extraviado con el tiempo. Los habitantes confundidos llaman a una como la otra. El sr. O se recuesta sobre su apolillado petate. Extraño rapé. A veces el lecho se hace polvo. Aquel polvo que no fecunda y mata. El Sr. O coge el libro de Oè kensaburo, arranca las hojas y empieza a hacer más aviones de papel que al arrojarlos tras la ventana van tras el halo naranja dejado por el sol tras la mar o hundido en la falda del cerro. A veces el cerro tiene corset y el Sr. O se lo arranca con los dientes cuando asciende a su casa a rastras, ebrio y extasiado. Recordando que fue parte del espontáneo público que acompañaba inesperadamente a dos presidentes de la República de Erùp. Toledo García. Con banderitas que flameaba por alquiler. ¿En tu país sucederá lo mismo? Solìase preguntarse. Muerde el corsé de piedra tragando tierra o lodo. Según la ocasión o clima. Usualmente contradictorio se contrapone al verso del himno nacional de su patria. ¡La humillada cerviz levantó! Continuando a rastras o encorvado. ¡Largo tiempo ofuscado u oprimido! El Sr. O deshojó aquella margarita ganadora del Premio Nóbel del año 4991. Los avioncitos de papel descienden rumbo a la mar o a la falda del cerro dejando con ello tras al Sr. O y al corset de piedra, arena y tierra. Cascajos caen tras el recuerdo de cada instante repetido infinitamente. La mayoría de poetas de aquella nación son gays y lo que es peor engreídos. El machismo creado por las madres cuya principal fuente de inspiración y creación es su propio bienestar. La reina, la reina y la más reina. El sr. O gira hacia el oeste su cuerpo, se encoge fetalmente, cierra los ojos y empieza a ensoñar lo siguiente:
EL CAMERINO DEL NOSOCOMIO (título del sueño)
Tras una cámara de video interno en uno de los casilleros de un camerino en el hospital Arzobispo Loayza, filmo y observo a la vez, la docena de enfermeras que en ese turno ingresa con atuendos multicolores para desataviarse de aquellos atuendos dejando ver con ello sus encantos. Doce pares de senos, veinticuatro pezones. Tócalos desde ahí. Doce ombligos. Veinticuatro rótulas, doscientos cuarenta dedos. Pies y manos. Doce tristezas y alegrías, antiguas y expectantes. Doce pequeños ralos o poblados bosquecillos de ansias. Vírgenes o explorados. Jamás suficientemente explorados. Cumplido el rito de desataviarse y reataviarse parten raudas a sus pabellones rumbo a sus engreídos o maltratados enfermos o convalecientes. El nosocomio, desde este lugar, es un paraíso tiernamente observado. Ya la docena de enfermeras fuera del camerino desaparecen al final del corredor. Yo ahora observo hacia el desgastado piso vinílico azul acero Pisopak y me percato de un ente rezagado, una hoja de papel diestramente o siniestramente envuelto. Una esquela, una nota, un memorando, o una carta quizá. Abandono el casillero, tomo del piso vinílico aquel papel. Lentamente lo despliego con y entre mis manos. Es una carta que a la letra dice:
Todavía recuerdo como haz remontado mi cuerpo. Como haz ingresado e indagado entre mi alma y mi entrepierna. Como haz pulido mi cuerpo con tu ausencia y tu presencia. Como tus rodillas subyacen bajo y entre las mías. Como tu pubis se une al mío. Como tu carne se pierde entre la mía. Como nos unimos sintiéndonos realmente un solo cuerpo, aunque, en el fondo establezcamos nuestras diferencias. Tú abres tu boca, yo la cierro. Tú te repliegas, yo ensueño y resueño. Tú piensas en un cálido instante más, yo pienso ser tuya entre las tuyas mientras tú en ese instante ya no eres mío aunque, lo jures por el sexo o por el amor a cambio del sexo o el amor. Ahora mismo que deslizo en la quietud de mi habitación estas líneas, froto y rozo el papel por todo mi cuerpo desnudo, sintiendo y recordando tus manos a veces frías que se calientan con mi cuerpo que es tu cuerpo aunque tu cuerpo no sea realmente mi cuerpo.
Lo entiendo, lo he percibido, hace muchas noches en ti, aquella ausencia que tratas de ocultar con tu exacerbado amor, con tu silencio y mirada al techo mientras yo duermo despierta y con los ojos cerrados, porque te siento y resiento, te oigo aunque, tú no me oigas y sólo me sientas, quizá es algo a tu favor, lo reconozco, quizá sentir es realmente oír. Ahora tiemblan un tanto mis manos. Quizá también tiembla mi vulva, tiemblas tú quizá dentro de otra vulva. Tus piernas entre otras piernas, tu pubis inserto en otro pubis, aquella imagen es algo que antes no podía tolerar pero a lo que ahora me he acostumbrado, hasta podría decir que, tengo alguna placentera expectativa por tal suceso si es que no ha sucedido ya. Me pregunto, cual es su belleza. ¿Por qué te internas en su pubis y también dices amar? ¿Por qué?
Ya no quiero pensar, porque sé que, este comprensivo e interesado pensamiento se tornara en el incomprensivo y posesivo amor que hará que sufra y que piense en los métodos más descabellados para retenerte a mi lado. Finalmente quizá nunca leas esta carta. Me seguirás mintiendo y dándome esa parte del amor que no comprendemos pero, que quizá termina siendo el amor más leal, no fiel pero leal. Lo he decidido, te compartiré como la tierra comparte una parte suya al día y otra parte a la noche. Te compartiré, pero hoy eres mío, por lo menos hoy, sólo mío y aquella parte tuya esta inserta en mí, no sé realmente si es la carne o un poco de tu alma que hoy llamo recuerdo. El amor es un segundo que termina y en el siguiente continua.
DÀEM DE AQUEL SUEÑO
Varias noches después el Sr. O despierta luego de haber tenido ese perturbador y a la vez mismo sueño. Al intentar restregarse los ojos con sus torpes manos percatase de que amaneció sin su particular máscara. Hábilmente improvisó una nueva con la tapa del libro que la última vez que estuvo despierto deshojó. Atareado por sentirse atrasado por dormir continuamente varios días y noches, salió raudo de su casa en la sima de la cima del Cerro San Cristóbal. Como un niño entre brincos, cabriolas, saltos y deslices, propias correrías de la mora y el óbice. El Sr. O se dirigía hacia el pequeño río mudo, tamiz donde las piedras se pulen para desaparecer cerca de la mar y los peces sueñan con la vida humana. Como siempre los deseos de conseguir características impropias y ajenas es el más menesteroso y vano deseo. Porque ningún elefante aspira a ser caballo, lo mismo que la jirafa jamás aspira al primero.
Ya ante el cauce del pequeño río mudo el Sr. O se deja caer para confundirse así entre los peces y rocas ¿Quienes son los desperdicios? ¿Quién decide la calidad de los desperdicios? Repitiendo incesante mientras aprende a nadar ¡Aspiro a ser como ustedes! ¡Aspiro a ser como ustedes! ¡Aspiro a ser como ustedes! Ahora se ve flotar sus prendas y calzado. Metros más adelante su máscara improvisada parece querer salvarse. Extraño funeral festivo para quien busca perderse en la mar junto a los peces de río, rocas y desperdicios. Extraño día de la patria hoy 28 de julio. Hoy que se cumple 187 años de aquella fallida independencia. No hay duda que cada trescientos sesenta y cinco días celebramos un aniversario más de la patria pero, cada día de aquellos trescientos sesenta y cinco días muere un segmento humano de aquella patria que creen y dicen formar.
Camino ahora entre las pirañas humanas que habitan en la rivera del pequeño río mudo. Aún ellos duermen y entre unos pedruscos hallo una máscara y una carta introducidas en un pequeño morral rojo. Un halo de misterio abandona la escena mientras las pirañas humanas se desvisten y adolescentes, tiene sexo entre las alucinaciones originadas y producidas por el “terokal”, esencialmente, aprenden a amarse, así sea motivados por aquel pegamento que se asemeja a los fluidos producidos por una simple gripe pero que, en este caso no surge de las fosas si no retorna por y hacia las fosas. El humano siempre busca ataviarse de espíritus cuando no los tiene o cuando se les han sido arrebatados.
Organismo, organista, orgía, orgullo, oriente, origen, orilla, orine, orín, orla, orujo. Hollejo, terrón. Hollejo de la uva después de exprimida y sacada toda la sustancia. Residuo de la aceituna molida y prensada de la cual se extrae aceite de calidad inferior. Osiris, oso, Oslo ostra. Oxido y oyente.
Una ola más en la mañana descansa su fuerza y resaca en las arenas llenas de muimuyes de la playa de Ventanilla, dejando con ello un extraño cráneo cuyas protuberancias parecieran las orejas de un conejo o la cornamenta de un cebú y que confundo con un caracol. Raudo voy a casa e improviso un oboe. La mujer que habita con nosotros en la casa al verme dice: -Las sirenas engullen a los seres que llegan a la mar, engullen su cuerpo sin dejar ninguno de sus restos óseos. Qué extraño que, el cráneo hayan dejado. Ven yo te enseño a tocar el oboe. Dice entusiasmada.
Oveja, óvulo, ovni. Oxácido. Ácido obtenido combinando el oxigeno y el agua con un cuerpo simple… Ovario.
Ahora en al casa abandonada por la muerte del Sr. O, el gato llamado Vallejo y el perro llamado Romualdo, no susurran los poemas. Ahora solo “aollan” un canto completo en O…
Y como quien cantara el coro de aquel himno ¡Somos libres! ¡Seámoslo siempre!...

Le doy a este relato
puntos

Nombre
Comentario
     Introduce el código
 
 
La puerta oculta (Card, Orson Scott) - Fantasía
La puerta oculta
Autor: Card, Orson Scott
La conspiración de Melengar (Sullivan, Michael J.) - Fantasía Épica
La conspiración de Melengar
Autor: Sullivan, Michael J.
Ravenor fugitivo (Abnett, Dan) - Warhammer 40.000
Ravenor fugitivo
Autor: Abnett, Dan


     
Grupo Planeta