Esa mañana un gran caballo rompió con la tranquilidad del asentamiento de Ribe, al este de Danmark.
Los habitantes del pueblo quedaron sorprendidos al ver aquel gran hombre con fiero aspecto dirigirse hacia la casa del joven Leif Danvork.
Mientras el joven trabajaba el extranjero se dirigió a él y le dijo: -Leif Danvork, hijo del hijo de Andrik Thorvaldsson, he sido enviado por él como deseo antes de su muerte para darte sus escritos, redactados poco antes del transcurso de la batalla que le robaría la vida. Murió en lejanos parajes al sur junto con muchos compañeros a manos del califa Abderramán II-.
En ese momento Leif quedó completamente desconcertado ya que desconocía la existencia de su abuelo, y no sabía las tierras de las que hablaba el forastero ni lo que era un califa. Antes de poder hacer cualquier pregunta el guerrero montó en su caballo y se marchó.
Quedó pensativo y desorientado pues lo único que tenía eran unos escritos y un anillo de apariencia valiosa, con el símbolo de un hacha de combate y una espada vikinga.
El joven Leif, de quince años de edad, vivía con su mujer y su madre, viuda al morir su padre combatiendo en el gran mar del oeste.
Pero él no tenía intención de dejarlo todo para ir a batallar como hicieran su padre y su abuelo, ambos muertos en batalla, aún así la más deseada muerte para un guerrero vikingo.
Esa misma tarde Leif se dispuso a leer los escritos de su abuelo.
Los textos decían así:
“Yo, Andrik Thorvaldsson, escribo esto como presagio de mi fin en estas tierras lejanas de casa, e intentaré relatar mi vida:
Nací en el año 799 en el pueblo de Thisted, perteneciente al distrito de Vigorb Amt. Hijo de un padre guerrero fui cuidado por mi madre, una mujer astuta y trabajadora que me enseñó a leer y escribir, cualidades poco comunes entre la gente de entonces, junto con las normas de nuestra cultura.
Fui enseñado en el manejo del hacha de combate y la espada por mi tío, que ahora se dedicaba a la pesca pero había combatido en tierras de Inglaterra.
Rápidamente progresé en la batalla y sus estrategias y un año después del nacimiento de mi hijo me traslado a Ribe, una zona más al sur donde busco una vida mejor.
Allí la mayoría de la población se dedicaba al mar, y fue fácil encontrar faena allí.
Me dediqué a la pesca y alguna que otra tarea de herrería.
Perfeccioné la técnica de combate junto con Eric Londbrok, hombre algo más mayor que se dedicaba a la pesca y tenía un gran manejo del hacha. Su anhelo era llevar una vida dedicada a la batalla, ya que era un gran adorador de Odín.
Por aquellos tiempos llevé una vida tranquila de marino combinándola con mi pasión por las armas y vi a mi hijo crecer rápidamente convirtiéndose en un niño fuerte, ágil e inteligente.
A la edad de diecinueve años volvió mi padre de combatir por un mundo desconocido para mí. Pronto se fijó en mí y en mis progresos tanto en fuerza como en inteligencia, y me propuso que fuera con él a batallar junto con mi amigo Eric Londbrok y decenas de hombres de Ribe, añadiendo muchos otros de zonas cercanas.
Tras haberlo pensado lentamente, me incorporo al gran batallón y abandono Ribe para ya no volver jamás. Allá por el año 818.
Comencé a conocer a mi padre, era un hombre fuerte, curtido en mil batallas y muy ambicioso.
Tras salir de Ribe tomamos rumbo norte, sin saber bien donde nos dirigimos.
Paso parte del viaje entrenando junto a mi amigo Eric. Por aquel entonces éramos de los mejores luchadores de Ribe y existía cierta rivalidad entre ambos, sin embargo solía vencerme gracias a su altura y fuerza mayor.
Al amanecer después de seis noches de travesía mi padre nos reúne a ambos junto con aproximadamente cincuenta hombres más.
Nos confiesa que está reclutando gente por Danmark y la península Escandinava y se propone conquistar tierras europeas.
Absolutamente todos aceptamos su oferta, y entonces nos revela nuestro más inmediato futuro: pasaremos el próximo año en un campo de entrenamiento al norte de Danmark mejorando más si cabe nuestro ya de por sí perfecto manejo de las armas.
Dos noches más tarde llegamos allí y quedamos sorprendidos al ver aquella inmensa ciudad y el puerto repleto de drakkars, cada cual distinto del anterior.
Esa misma jornada mi padre nos lleva a un gran complejo de construcciones, en cuyo patio debía haber más de dos mil hombres luchando entre sí. Allí pasaríamos el año próximo.
Periódicamente aparecía mi padre con más hombres que dejaba en aquel remoto lugar olvidado.
En aquel lugar los días se hacías repetitivos y aburridos, aunque estábamos progresando mucho y a aquellos hombres aterrados al principio se les veía ahora capacitados para la lucha y esperando entrar en acción.
Pasaron algo menos de dos años cuando volvió mi padre con una gran flota de barcos al puerto de Skagen. Nos reunió a todos, algo más de tres mil guerreros deseosos de ir a la batalla, ya que éramos los mejores combatientes encontrados en su viaje.
Entonces yo tenía la edad de veintiún años y Eric uno más.
Junto con los hombres que habíamos visto día tras día durante casi dos años formamos una gran flota de algo más de treinta barcos y nos dirigimos rumbo al oeste.
Bordeamos la costa franca, creando miedo allí por donde pasábamos; el suficiente como para no ser atacados y conseguir comida y algunos útiles sin tener que recurrir a saqueos masivos. Aún así saqueamos algunos prósperos lugares en parte por diversión y por no perder la práctica ya que el viaje se hizo largo, y así conseguimos objetos extraños y desconocidos para nosotros.
Por aquel entonces pretendíamos conseguir un gran botín en tierras francas, y eso haríamos poco después en Rouen, ciudad a orillas del Sena.
Encontramos la desembocadura del río Sena y ascendimos por él con los más de treinta y cinco barcos y cuatro mil hombres que ya éramos.
Al paso de las pequeñas aldeas francas los habitantes nos daban alimentos y ofrecían dinero y bienes por el temor a ser saqueados.
Al llegar a Rouen quedamos sorprendidos por la diferencia entre nuestra manera de vida y la de los francos, y saqueamos todo lo que encontrábamos a nuestro paso tomando todo aquello que pudiera tener algún valor.
También acabábamos con todo aquel que se resistía, aunque pocos temerarios lo hacían, y la mayoría de gente nos dejaba ir por allí a nuestras anchas, cogiendo todo lo que necesitábamos o deseábamos y salimos de Rouen muy enriquecidos y cargados hasta arriba con el botín conseguido.
Mientras la mayoría de los hombres siguieron saqueando pueblos y aldeas por toda la costa inglesa, algunos de nosotros decidimos asentarnos en algún lugar en tierras francas. Allí nos quedamos mi compañero y ya gran amigo Eric junto con algo más de doscientos soldados que pronto se extendieron por la zona de Bertae´yn, mientras que otros tantos volvieron a casa con la riqueza conseguida y otros muchos se disiparon por tierras francas o llegaron a ir hacia el sur o hacia el este.
Juntos formamos un grupo en el que aún hoy en día no nos separamos demasiado.
Corría el año 821 cuando varios hombres compramos una casa en Bertae´yn con lo conseguido un año atrás; Eric, dos hombres francos, uno inglés y yo.
Mientras el resto seguía saqueando pueblos por las islas y enriqueciéndose nosotros cinco aprendimos el estilo de lucha franco, muy hábiles utilizando la espada normanda o la propia vikinga, prescindiendo del hacha de combate.
Allí permanecimos varios años viviendo tranquilamente mientras el botín iba disminuyendo.
Volvemos a tener noticias diez años más tarde, y como hicimos años antes nos reunimos en Skagen muchos de los guerreros que luchamos juntos en el pasado junto con gran cantidad de jóvenes soldados reclutados por el grupo.
Nos informan de que se proponen tomar tierras en el norte de la isla de al oeste de Wales, zonas irlandesas.
Como luchadores natos que éramos nos unimos a ellos y salimos ahora más de un centenar de barcos con misión de dominar algún territorio.
De camino hacia allí saqueamos varias ciudades escocesas y conseguimos una cuantiosa cantidad de riquezas y víveres.
Al llegar a la costa irlandesa más de diez mil hombres, los habitantes comienzan a temernos y poco a poco van cediendo territorios. En un verde paraje con gran cantidad de animales y plantas silvestres nos asentamos y le damos el nombre de Waesfjord. Poco a poco nos vamos extendiendo hacia todas direcciones.
Algún tiempo después somos atacados por irlandeses pero les vencemos con una considerable facilidad, ya que luchan con miedo y desorganizadamente, mostrando un caos fácilmente aprovechable por nuestras tropas.
Más tarde, cuando nos hemos consolidado en la nueva isla y no sufrimos ataques llegan más tropas vikingas hasta aquí con tal de dominar parte de la isla. Con la ayuda de estos nuevos refuerzos nos desplazamos hacia el norte, llegando hasta Dubhlinn y pronto continuando hasta el mar al norte de la isla. Otra parte del grupo se dirige hacia el oeste recorriendo tierras sin ser atacados. En poco tiempo dominamos una parte de la isla, que incluye los condados de Leinster y Ulster. Además nuestros hombres están repartidos por todo el resto de la isla.
En la isla de Irlanda permanecimos otros tantos años, hasta que conocí la noticia de la muerte de mi padre en tierras al sur. Lo confirmé poco después cuando recibí el anillo que portaban los dirigentes del grupo con la insignia de un hacha de combate y una espada vikinga. En ese momento tuve el honor de convertirme en uno de los cabecillas del grupo. Deseaba realizar su último sueño de conquistar tierras hasta el mar del sur dominado por los árabes.
Entonces me dispongo a reunir al grupo para esa nueva misión y consigo reunir noventa barcos y algo más de ocho mil hombres para proseguir hacia el sur. Llegamos hasta Dubhlinn, en poder de los nuestros y con mezcla de escandinavos e irlandeses. Más al sur pasamos por Cill airne y conseguimos víveres suficientes para la travesía. Proseguimos hacia el sur.
Algún tiempo después llegamos al reino de Asturias, y ya en el año 844 saqueamos varias villas y llegamos al emirato de Cordoba, controlada por la raza islámica del sur.
Llegamos a Al-Isbunah a mitad del año, padeciendo un calor mayor al que siempre hemos sufrido. Allí saqueamos la ciudad durante tres noches, hasta que oponen resistencia y proseguimos hacia el sur.
Nos encontramos en tierras desconocidas para mí, pero no para algunos de los nuestros que han pasado aquí años de su vida y conocen estos reinos. Pretendemos dirigirnos hacia Ishbiliya con intención de saquearla.
Seguimos hacia el sur y nos apoderamos de la ciudad de Qādis, y tras dos noches recobramos fuerzas y moral.
Conseguimos llegar a Ishbiliya con algo más de ochenta barcos y seis mil hombres y permanecemos allí seis noches. La ciudad queda totalmente arrasada, destruida e incendiada.
Sufrimos desde algún tiempo un gran calor que diezma las fuerzas y nubla la mente, y junto con mi avanzada edad pienso en lo satisfactoria que ha sido mi vida, a la que quiero poner fin en poco tiempo y acabar con esto. Espero que Eric , el que nunca me ha fallado, entregue estas páginas a mi hijo, al que no veo desde hace muchísimo tiempo y que él pueda leer esto para que sepa un poco de su padre, y no pasar al olvido tan vertiginosamente como la mayoría de hombres.
Me anuncian que tropas de musulmanes se disponen a luchar contra nosotros en breve.
Mañana lucharemos unos cinco mil hombres contra un número incontable de musulmanes, y muchos de los más longevos del grupo decidimos que ha llegado la hora de morir aquí con valentía, demostrando la fiereza vikinga hasta el final.”
Al acabar de leer esto, a Leif le hirvió la sangre entró la imperiosa necesidad de la batalla, pues comprendió que lo llevaba dentro. A estos manuscritos se les unía otro códice, al parecer escrito por el forastero, que dice así.
“Corroboro la muerte de Andrik en batalla luchando con ferocidad. La contienda contra los musulmanes tuvo lugar al sur de Ishbiliya con unas consecuencias catastróficas para nosotros. En esa batalla perdimos más de un millar de hombres y treinta barcos.
Me dispongo a llevar esta carta como deseaba mi gran amigo Andrik, y poder descansar en casa hasta que llegue el momento de mi muerte.” |