Y el silencio imperaba en su alma, y el hombre se desnudaba ante aquel que habla en nombre de la presencia divina.
- El que habla en nombre de la presencia divina tomo la vida del hombre y dijo:
Has tenido una vida ambigua donde el mal sobra y el bien escasea.
Prácticas bondad con algunos y crueldad con otros que carecían de apoyo. Has sido hosco de corazón. Tierno niño que sonríe a la cercanía sincera.
Olvidaste a otros, sus dolores y alimentaste sus penas. Te atravesaste en sus caminos obstaculizaste sus pasos en la tierra, tierra con la cual te constituyo la divinidad suprema.
-Y el hombre respondió.
-Así es, eso lo he hecho.
-Y el que habla en nombre de la divinidad suprema siguió leyendo la vida del hombre y dijo:
Has olvidado el bien recibido, la belleza la sepultaste en la arena. Erigiste en altar tu pecado. Construiste ídolos con los hombres de la tierra. El sol fue cómplice de tu ignorancia y la luna de tu demencia.
-Y el hombre respondió
-Así es, eso he hecho.
Y por tercera vez, el hombre que habla en nombre de la divinidad suprema tomo la vida del hombre y dijo:
- Has pagado bien con mal y misericordia con impostura. Has despreciado los senos que te amantaron y las manos que te alimentaron. El rió que te dio agua le absorbiste su más secreta vena. Pagaste amor con lujuria. La amistad para ti fue un sentimiento sin existencia.
- Y el hombre respondió y dijo:
Así es, así he vivido.
-Y el hombre que habla en nombre de la divinidad suprema dijo:
No tienes la gracia ni la bendición suprema, iras al infierno.
Y el hombre respondió:
No puedo ir.
-Y el hombre que hable en nombre de la divinidad suprema pregunto:
¿Por qué no puedes ir al infierno?
-Y el hombre respondió:
Porque nunca he tenido esa gracia y bendición de la divinidad suprema y he sido residente del infierno perpetuo.
El silencio vuelve a imperar en su alma.
-Y al cabo de un rato vuelve a decir el hombre que habla en nombre de la divinidad suprema:
-Ya que no puedes ir al infierno, irás al cielo, ahí residirás.
-Y el hombre responde:
-No puedo ir.
-Y el hombre que hable en nombre de la divinidad suprema pregunto:
-¿Por qué no puedes ir al Cielo?
- Y el hombre responde:
-Porque nunca ni en lugar alguno he podido imaginarme el cielo.
Y el silencio visito su alma y acato la condena.
-Y el hombre que habla en nombre de la divinidad suprema dijo al hombre:
-Perdiste la gracia y la bendición de la divinidad suprema.
-Y el hombre responde:
-Creo en mi gracia y en las bendiciones que otorgan las personas que palpan la humanidad verdadera.
El hombre, terriblemente solo y felizmente libre, es preso del vacío y la angustia.
¡Qué confusión, Qué desastre! Tengo que ordenar mis pensamientos. Se decía así mismo.
o Y el hombre que habla en nombre de la divinidad suprema dijo:
o Serás tú propio carcelero, el anhelo y la angustia tomarás eternamente como compañeros. El sin sentido se anidara en tu pecho.
El Dios supremo tiene milenios que los hombres comparten como hermanos el mismo suelo.
Sólo un sordo ha escrito este ideal en una sinfonía, claro el mismo no podía escuchar la canción de la alegría.
o Y el hombre se decía:
o Es la hora ingrata antes del deslumbramiento.
Nada hay en mi horizonte, sólo un montón de ideas danzando en círculos, que aparecen y desaparecen.
Detrás de mí la inmediatez del presente y la tragedia del futuro.
¿Por qué me aferro al mástil de la vida?
La frente comienza a arderme. Alrededor de mi las paredes crepitan sordamente.
Tal vez yo como cualquier hombre si necesito una bandera con presunción de totalidad.
¿Qué confusión? El calor aumenta, transpiro. Siento mi sombra arder en llamas, viene por mi, quema y quema como una hoguera devorando toda la madera, la vasta música del fuego, vibración del aire y la madera en centenares de kilómetros.
Como antes, oigo el silencio. Si, es el mismo silencio que me acompañaba a desnudar mi alma.
Allí estaba yo, arrodillado, implorando misericordia ante la divinidad suprema, reconociendo mis pasiones y las acciones que estas generan.
o Y el hombre que habla en nombre de la divinidad suprema dijo:
o ¿Qué esperabas?
o Y el hombre responde:
o Humanidad, amplitud para la rectificación, que recibieras en tus entrañas las motivaciones más profundas de mi corazón. En ese instante sin temporalidad, te brinde mi finitud total. Estrujé cada célula de mi ser como sacrificio a tu posible bondad.
o Y el hombre que habla en nombre de la divinidad suprema dijo:
o Yo no actuó sólo de buena fe. Me guían un conjunto inamovibles anclados en la eternidad. Este cuerpo de normas ha vivido y vivirá, mientras que tú, como cualquier hombre morirás.
El hombre miraba con unos ojos vacuos y torpes. Agazapado en su desnudez, despierta de ese largo ensueño y dice:
o Pero no moriré.
Valor, audacia, valor, aunque me equivoque mil veces, mientras tenga conciencia, despertare en el alaba con la finitud que respira todo ser de esta tierra.
Cuando todos los hombres tengamos presente nuestra esencia, inauguraremos la autentica trascendencia.
o Y el hombre que habla en nombre de la divinidad suprema dijo:
o Anda refúgiate exiliado en el reino de tu voluntad; ¿Crees poder escapar? Tus obras no se aproximarán a la periferia de tú angustia.
o Y el hombre responde:
o Basta ya; ¿Dónde esta la misericordia que tanto pregonas?
o ¿No es suficiente tú sentencia? Déjame, seré lo que mi finitud me permita ser.
o ¿Acaso temes el efecto de tú condena?
o Esa condena y cada palabra son regulativas, no constitutivas.
o Este cansancio ya se me torna agradable, no tengo más palabra para esta inútil conversa.
El hombre en la lobreguez y en ese semisilencio, reflexiona, los ruidos externos ya no parecen existir. Él escuchaba su corazón, se escuchaba así mismo, esperaba que resplandeciera su buena estrella, mientras intenta fluir de nuevo, sigue inalterable, por encima de aquellos días vacíos. |