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Mateo
Participante 62 - Concurso Nación Rolera - 0 Comentarios - Puntuación: 17 puntos (VOTAR)
Vas descalza con el vestido untado, bajo el cielo que estila de pàjaros. Te recargas en el tamarindo al que te gusta ir para soñar con los milagros y me llamas y voy...
Vas descalza con el vestido untado, bajo el cielo que estila de pàjaros. Te recargas en el tamarindo al que te gusta ir para soñar con los milagros y me llamas y voy, me quedo ahì contigo en medio de la tarde que se lleva el humo de unas nubes blancas.

“Mateo”
“Què”
“¿Existo?”
“¿No te ves?”
“Sì”
“¿Entonces?”
“Nomàs querìa que me dijeras”

Me preguntas y te contesto, mordièndote una hebra de ese pelo como de serpentinas que te desbarata el aire, mirando la tierra que hierve de hormigas y cuando por fin ya te voy a abrazar, te vas yendo, despacito, porque siempre te alegrò jugar a que mejor me dejas.
Rosaura. Te gusta lo que no tienes. Por eso ahora me buscas, ahora que mis palabras no son màs que un chorrito de viento que te sopla en la oreja. Pero me hablas y estoy. Te acompaño a prender esa vela con su resplandor que sube por las paredes para alumbrarte el silencio con el que miras al Santìsimo, transparente de pecados.
Nadie adivina que en esos ojos con los que te haces la mala, el alma se te gotea.
A mì me gusta cuando te acuestas porque los cierras y oigo “Mateo” y todo me huele a ti y tu cuerpo es un portal donde mi deseo se refresca. Luego te va jalando la noche, para allà, donde tus secretos, a ese lugar al que ya no te puedo seguir. Me apagas donde me habìas encendido, te vas en el perfume de otras sombras mientras me hundo en un mar de grillos.

“Àbreme Rosaura”
“No”
“Que me abras”
“Que no”
“¿Por què?
“Porque no”

¿Te acuerdas? Te encerraste en tu casa tres dìas que fue los que prometiste que no me querìas volver a ver.
Daba làstima pidièndote perdòn desde la puerta, conformàndome con que las ùnicas que podìan entrar eran las flores que màs parecìan ramos de lumbre donde venìan ardiendo mis recados.
Todo porque te pedì que te quitaras los zapatos y preguntaste para què y te dije con esa voz apenitas que para que sintieras lo que yo cuando te tiento y te quedaste muda y luego corriste, mientras yo ahì, viendo que te ibas como arrastrada por la corriente de un polvo dorado que caìa de los àrboles.
¿Has oìdo el aire cuando pasa entre las hojas? Asì me sonaba el mundo, en la càrcel de los dìas, esperando que llegara la hora que tenìas apuñada en tù voluntad.

Pero te conozco desde que aprendiste a mandar que te obedecìan con aquel collar de bolitas, cayèndote de unos tacones que no te dejaban caminar. Desde la tarde en que preguntaste de quièn era el rìo y yo te dije que de todos y te pusiste a llorar con ese llanto de niña, con esa manera tuya de querer para ti nomàs.

Asì empezaron las cosas: La terquedad de seguirte como un embrujado, de quererte contentar.
Para mì no pasaban los años. Tù eras el tiempo, la arena de un reloj que yo no querìa voltear. Hasta que te pusiste alta, frondosa, con esa boca como enmielada. Comenzaste a gustarte en el espejo, a gozarte en esa luz que te avivaba el cuerpo llenito de puras ganas.
Còmo no ibas a dejar que te saborearan, que te pusieran acostadita en el paisaje de esas palabras que luego de prometer se van, dejàndote asì como te encontraba, arañada por la esperanza que se te iba haciendo borrosa de tan lejos.

¿Por què te perdonè? Ese es el misterio Rosaura, el que no me dejò ir, el que te sembrò dentro de mì como una yerba que màs me querìa arrancar, màs me volvìa a nacer.

Ya era de noche cuando saliste mirando el cielo, como escogièndolo de regalo porque llegabas otra vez como si nada, mojando la tierra con la agüita de tu sombra, paseàndote en el aire que a mì nomàs de mirarte se me acababa.

“Eres muy bueno Mateo” Asì me dijiste. “Como un sueño que cuando despiertas existe”

Còmo ibas a saber de las ganas que me dieron de tirarte al suelo, de quemarme toditito en el infierno por todo lo que por poco y no te hice.
Te salvò que se asomara Dios calladito de estrellas, amansàndome esas ansias que se me salìan del espìritu.

Quieres saber donde estoy y no sè. A lo mejor en el lugar al que se van los que no terminan de morirse porque no los dejan, porque los tienen amarrados al recuerdo, como tù a mì. Pero està lloviendo Rosaura, igual que aquella vez y el aire es como un vidrio muy viejo donde apenas y se alcanza a ver y desde lo empañado me gritas: “Mateo” mientras corremos donde el tamarindo y hasta siento el agua que me moja y a ti se te chorrea por el vestido que se te hace delgadito, como sin tela y te va dejando ver. Te juro que nomàs querìa mirarte rapidito pero me quedè pegado en el brillo de tù humedad.

- ¿Qué me ves?
- El silencio Rosaura.
- Mentiroso.

Y me volteè muy manso, fijàndome en las nubes que ya se iban despidièndose con el relàmpago que a mì me sonò como una piedra que me pasò rodando por encima.
Yo sin decir nada y tù contàndome con esa alegrìa tan triste, còmo serìa si fueras ciega para nomàs sentir. Pero mejor no porque entonces còmo ibas a saber de lo bonito que se pone todo cuando lo tienta la claridad que se va tirando de una luz que a ti se te figura que cuando se te mete en los ojos se te ponen bien azules. Pero que tambièn te gusta la noche porque las cosas que parecen de un modo luego se ven de otro y tambièn a veces como que anduvieran caminando.

“Eso te dije Mateo”
“Sì”
“Pero fue antes”
“¿De què?
“De que te cayera el rayo”.

La tierra se abriò Rosaura y estaba muy hondo y tù allà arriba, donde la luna que acababa de salir, hablàndome con esas palabras de las que yo me querìa agarrar pero nomàs me resbalaba sin fuerzas por lo oscuro de ese agujero donde iba cayendo mientras se oìan unas plàticas revueltas de muchas plàticas, una puerta que se cerraba con el viento y hasta el ladrido de un perro, igual que se me desparramaran de repente los recuerdos.

“Yo estaba llorando Mateo”
“Y yo te abrazaba”
“No”
“Si”
“No. Ya no podìas”

Te veo tan solita, como si a nadie tuvieras.
Serà que te gusta pensar que no eres feliz porque asì màs me quieres, pero luego con poquito que te den se te sale la risa.

“No tengo la culpa de ser humana”

Eso le dices a Dios cuando lo miras rogàndole que te conteste que es cierto si no se te apaga la vela.

¿Dònde estàs?”
“Aquì. Detràs de los grillos”
“¿Y quièn es ese?”
“Tu miedo que viene por mì”
“Dile que se vaya”
“Dice que no puede, que tu lo mandaste y me trae un regalo”

Lo veo pasar contigo en los brazos, llevarte del lado al que ya nomàs a ti te obedece, porque es tuyo este sueño, conmigo despierto, cumplièndote los antojos de tu recuerdo.

“Mateo”
“Què”
“Voy a apagar la luz. ¿Què tiene?”
“Què tiene Rosaura”

Le doy a este relato
puntos

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