Sábado, 4 de Marzo, 10:21 AM
Era una de la muchas chicas que él había matado. La estaba atando sin piedad con las manos detrás de la silla con unos nudos implacables aunque ella le suplicaba entre lágrimas que no lo hiciese. Cuantas veces había escuchado esos lamentos...
Vestido de negro con guantes y pasamontañas, terminó de atarla y le dijo al oído:
-Te voy a matar.
Ajustó la cámara para enfocar bien la imagen y le pidió a ella que mirase al objetivo. Puso el zoom correcto, se apartó con parsimonia de la cámara y entró en escena. Levantó una mano, su sombra se proyectó en la pared y entre gritos de “¡No!” y “Por favor...” comenzó a golpearla. Guantazos, puñetazos... Con cada uno, ella soltaba otro grito y volvía a sollozar. Apenas hablaba de tan hinchado que tenía los pómulos. Su imagen reflejaba terror y su ojo derecho ya lo tenía cerrado de varios golpes anteriores. Un hilo de sangre salía de su ojo, probablemente por alguna hemorragia cerebral. Con dos tirones, él la dejó en ropa interior y desapareció de escena. Apareció a los pocos segundos con un carro semejante a los de las peluquerías con varias herramientas en sus estantes. Cogió un pequeño bisturí y la rajó de parte a parte en su pecho. Dibujó una cruz. La muchacha chilló de dolor y miedo y éste la volvió a golpear. Jugó un poco más con el bisturí, haciéndole pequeños cortes aquí y allá.
Tiró el bisturí, buscó en su carrito un martillo de considerables dimensiones y lo agarró sonriente. La miró, lo asió como una bate de béisbol y la golpeó con todas sus fuerzas en el estómago. La silla retrocedió varios centímetros y acto seguido escupió sangre a raudales. Volvió a levantar el martillo y lo descargó sobre su pierna derecha. Le partió el peroné. La chica aulló de dolor mientras él reía satisfecho y soltaba el martillo fuera de escena.
El asesino desapareció de la pantalla unos segundos y entró de nuevo en ella con una silla. Se sentó a leer esperando a que ella se recuperase un poco aunque la muchacha solo pedía la muerte entre vómitos de sangre.
A los 10 minutos se levantó, tiró de una patada la silla y levantó un cuchillo pequeño pero muy afilado. Centelleó a la luz de la cámara y la amenazó con él. La joven estaba en muy mal estado y su ojos eran dos puntos pequeñísimos del dolor y el pánico. Acercó el cuchillo y su oreja por la base y de un tirón se la cortó. Un chorro pequeño de sangre brotó y manchó el suelo por un lado. Él se agachó y cogió la oreja enseñándosela a la mujer
-Cómetela.
Ella chilló de asco al ver su propia oreja cortada y apartó la cara.
-O te la comes o te vacío un ojo con el cuchillo.
La chica no pudo hacer otra cosa que cerrar los ojos, abrir la boca y empezar a masticar con la boca abierta su propia oreja. A los pocos segundos no pudo más, la escupió y vomitó sangre. Él, fiel a su promesa, acercó la punta del cuchillo lentamente a su ojo y lo hundió sin piedad en él. Un líquido amarillento corrió por la cara y goteó en su pecho. Cuando sacó el chuchillo, parte del globo ocular había quedado enganchado a él.
De nuevo satisfecho con su trabajo, tiró el chuchillo a cualquier parte. La chica estaba ya muy malherida
Con un tirón de cuerda, la motosierra se puso en marcha. Se la enseñó con un grácil movimiento, como si estuviera danzando frente a ella. Le puso la motosierra tan cerca, que el viento que desprendía le revoloteaba el cabello. Acercó la sierra hacia su brazo derecho y lo cortó limpiamente. No hubo resistencia, ella ya no podía ni gritar y sus estado era de semiconsciencia. Él, desde el suelo, apartó aquel brazo para su número final. No lo tenía previsto pero también le cortó su pie derecho, puesto que lo suyo era improvisar. El asesino ya no podía asegurar que la chica estuviese viva así que si quería ofrecer una traca final de calidad, debía actuar deprisa. Con la motosierra le cortó de parte a parte el vientre, metió la mano y de un tirón, sacó todas sus vísceras. Éstas, con un ruido viscoso, cayeron al suelo soltando vapor debido a la temperatura del cuerpo. La mujer estaba ya medio muerta así que la remató con un disparo en la sien. Disparó oblicuamente para que la cámara captase como parte de la bala sobresalía por el ojo. Se felicitó a sí mismo por su buena puntería.
Una vez que murió, procedió a desmembrarla totalmente. Separó orejas, ojos, nariz, brazos, manos, piernas y pies, además de cortar en varios trozos su tronco. Salió de nuevo de escena y entró con un cortacésped. Unió todos los trozos en un montón y pasó por encima el cortacésped, disparándose por todos los lugares de la estancia trozos de la joven. Él, exhausto ya, unió de nuevo los trozos de carne que quedaban y se sentó al lado de ellos cogió un puñado y se lo tiró por encima, como si se bañase en él, festejando su asesinato, o como a él le gustaba denominarlo, su nueva obra maestra. Luego asió un brazo que quedaba entero, se puso ante la cámara y, moviendo la articulación ensangrentada a modo de infantil adiós, se despidió de su público.
Viernes, 10 de Marzo, 23:36 PM
La discoteca estaba a rebosar y las chicas guapas abundaban. Un chico moreno ya había intimado con una chica que le hacía carantoñas, debido a la música y al alcohol. El chico estaba animado, se acercó a su oído y le dijo:
-¿Te quieres venir mañana a mi casa?
La chica rió y aceptó encantada.
Muchos días después, en diferentes partes del mundo, miles de jóvenes se masturbaban furiosamente mientras veían las escenas de violencia y terror recién descargadas de internet. |