Nunca olvidaré la primera vez que vi a Fredrick, yo no era más que un crío de catorce años, algo tímido y desgarbado, lo único que hacía que me comunicara con el mundo exterior no era otra que escuchar las fantásticas historias épicas que explicaban los trovadores que tanto me hacían soñar con tierras inhóspitas, dragones y grandes guerras donde siempre vencía el bien. Fredrick pertenecía a la Guardia Real y era lo que se podría decir un dirigente nato, nadie podía ignorar su presencia, y yo no iba a ser menos. Todas las semanas los soldados hacían una demostración de sus habilidades en la plaza mayor y Fredrick nos hipnotizaba con el balanceo de su espada, la verdad es que a mí me entraban ganas de coger una y ponerme junto a él, ir en busca de aventuras y dejarlo todo atrás. La verdad es que tampoco hubiera mucho que dejar, ya que lo único que tenia era un padre que pensaba que sólo servia para limpiar las caballerizas y unos hermanos que hacían de mí el blanco de todas sus burlas.
Aunque Fredrick era mí ídolo, él nunca me había prestado atención salvo cuando decía eso de “chico, prepara mi caballo”. Pero todo eso cambio un día, en tiempos de lo que pensábamos que era una época tranquila, un caballero llegó con un mensaje urgente para el rey:
“Saludos Rey Bred, desde hace algún tiempo vienen ocurriendo diferentes sucesos extraños en nuestras tierras, hemos recibido la visita de unos seres nada amigables que al parecer no descansarán hasta ver todo Senatre destruido, es por tanto que preciso vuestra colaboración para defender nuestros territorios y para encontrar respuestas a las extrañas desapariciones que se están dando en mi reino, esperando que vos no sufráis de angustia parecida y rogando podáis enviar a alguien en nuestra ayuda. Atentamente Rey Trevelian.”
Nada más leer el mensaje el Rey ordenó formar un grupo para ir a ayudar a Senatre, como no era de extrañar Fredrick estaba entre los elegidos. Él y cuatro hombres más irían en avanzadilla para analizar la situación de Senatre. Mientras, yo estaba en los establos ayudando a preparar los carromatos que debían llevar las provisiones, fue entonces cuando vi la oportunidad de dejarlo todo e ir en busca de las deseadas aventuras, así que cuando ya quedaba poco para acabar de llenar los carros me hice un hueco y mi padre sin saberlo me acabó de esconder añadiendo una gran caja cerca de donde yo estaba.
Así fue como empezó mi primera aventura, que si no hubiera sido por Gilro, un joven de la compañía, hubiera acabado antes de empezar. Llevábamos varios días de camino, y gracias a que todo lo que habían necesitado por el momento estaba en la parte exterior del carromato no fui descubierto, pero mi situación cambió la primera noche que tuvieron que acampar, Fredrick estaba organizando a los hombres:
- Sulcar y Canshron ir en busca de leña, Rasbin harás la primera guardia- Por último dijo- y tu Gilro ve en busca de las tiendas, están dentro de la caja de madera.
Al oír esto empecé a temblar ya que pensé que en poco tiempo regresaría a casa, pero no fue así, Gilro me vio pero no dijo nada, cogió las tiendas y después se dirigió hacia Fredrick, este se acercó lentamente al carro y apartando la caja se me quedó observando y me dijo:
- Pequeño, ¿qué haces aquí?
- Yo... que... quería acompañaros.....
- ¿Y que nos puedes ofrecer? Si quieres venir deberás saber hacer algo, una boca más supone menos comida para el resto y esto no lo podemos hacer por el simple hecho de que a ti te apetezca viajar, ¿no crees?
- Bueno, la verdad es que sí, ¿pero que puedo ofreceros? Sólo soy un simple cuidador de caballos...- bajé la mirada y esperé que tuvieran compasión de mi.
- Piensa bien Fredrick- añadió Gilro- Llevamos varios días de viaje, y a este crío no le podemos dejar sólo andar por las montañas y enviar a alguien para acompañarle sólo servirá para entretener la marcha. Además mira que renacuajo que es no creo que coma mucho, y puede cuidar de nuestros caballos, no necesitamos animales enfermos.
Fredrick, me miró fijamente, como analizando lo que le había dicho el joven y dijo:
- Esta bien, puedes venir, tienes que dar las gracias que Gilro sabe como sacar provecho de cualquier cosa que encuentra...
Con el último comentario de Fredrick no sabia como reaccionar, si alegrarme porque podría ir con ellos o entristecerme por la opinión que tenía Fredrick de mí. Saber que para él no era más que un inconveniente me animó para poder sacar la máxima rentabilidad de aquella campaña, y a ser posible conseguir maestría con la espada. Así que viendo mi oportunidad para demostrar que podía ser útil me dirigí hacia donde estaban los corceles, pero Gilro me interrumpió:
- Muchacho, acércate
- ¿Qué quiere señor?- le pregunté sin alzar la cabeza.
- Tu nombre, no sería respetuoso no llamarte por él, igual que tu no deberías llamarme señor, mi nombre es Gilro como ya sabes, no considero oportuno que utilices ese titulo conmigo ya que no paso los veinticinco.
- Si como no señor, digo Gilro- Contesté titubeando- Mi nombre es Garret.
- Mira este es Ahrin, mi caballo- dijo acariciando a un hermoso corcel albino- Cuídalo bien llevamos mucho juntos...
Estuve hablando con Gilro mientras le ayudaba a montar las tiendas, me explicó que Fredrick le había ayudado desde que se quedó huérfano hacía casi una década, era toda su familia, era él quien le había enseñado a manejar la espada y quien le regaló a Ahrin.
A la mañana siguiente partimos antes del amanecer, tardamos varios días en llegar a las fronteras de Senatre, y lo que vimos no nos entusiasmó demasiado, todo era demasiado tenebroso como para tener ganas de seguir, pero había que hacerlo. A medio día de camino llegamos a una posada, cuando entramos todo el mundo se nos quedó mirando, debía ser por la presencia de los caballeros, con sus cotas de mallas reluciente, como si no llevarán un largo camino recorrido y estuvieran recién sacadas de la herrería; allí la gente presentaba unas ropas bastante gastadas por el paso del tiempo, hasta mis pobres ropajes parecían todo un lujo para aquella gente. Fredrick se dirigió hacia el posadero:
- Si no le es mucha molestia nos gustaría pasar la noche en su posada, necesitaríamos alojamiento para nosotros seis y para nuestros caballos, si pudierais indicarle al chico donde están los establos, él se ocupará de acomodarlos.
- Señor, no es que no tenga alojamiento, pero... – dijo el posadero mirando al caballero a los ojos – desde hace algún tiempo gente rara circula por nuestras tierras y nos incomoda ver extranjeros.
- Es lógico que desconfiéis, pero hemos venido a ayudar a vuestro pueblo – Fredrick le entregó el mensaje del Rey Trevelian – esto demostrará que lo que digo es cierto.
- Bendito sean los Dioses, por favor sentaos y no os preocupéis por los caballos, mi gente los atenderá con mucho cuidado¡ Kayley, trae comida para nuestros invitados!
De la cocina salió una joven de unos veinte años con varias bandejas de comida. Aquella joven, tal y como había exclamado con tal furor el posadero, se decía que era la mejor cocinera de la región. Tenía una cabellera pelirroja como el fuego y unos ojos verdes de color intenso. Gilro no podía dejar de mirarla, vio algo en sus ojos que le impedía apartar la mirada, ella también sintió lo mismo, los oscuros ojos del joven le parecían misteriosos y enigmáticos. Durante toda la cena Fredrick estuvo hablando con el posadero, el resto escuchábamos como esos invasores habían arrasado varios pueblos de la zona, mientras se cruzaban furtivas miradas entre ambos jóvenes.
Esa noche mientras dormíamos alguien entró en la posada, yo dormía cuando oí una discusión en la planta inferior, rápidamente avisé a Gilro que se despertó sobresaltado, ambos nos acercamos a las escaleras por si no era más que una falsa alarma. Al mirar hacia abajo nos encontramos al posadero y a dos hombres altos que no paraban de hacerle preguntas, no se les podía entender bien pero no parecía que fueran grandes amigos. Gilro me miró y señaló el cuarto de Fredrick yo sin hacer el menor ruido me dirigí hacia allí, cuando toqué la puerta Fredrick ya estaba medio vestido y preguntando que era lo que ocurría.
- Han llegado dos hombres están hablando con el posadero, parece que buscan algo o a alguien.
- Garret ve a buscar al resto del grupo y cuidad que no le pase nada a nadie, Gilro acompáñame iremos a ver que sucede.
Mientras me dirigía hacia las habitaciones los otros compañeros, se oía la conversación en la planta inferior:
- Saludos, si no es mucha molestia les importaría explicar qué es lo que ocurre, con tanto ruido es imposible conciliar el sueño – introdujo Fredrick.
Al escuchar esto los dos hombres dieron un paso adelante mirando de arriba a bajo a mis dos compañeros:
- ¿Quién sois vos y con qué derecho me alzáis la voz?
- Soy Fredrick Grymston, primer caballero de la guardia real de Kihoet, estamos aquí de paso, sólo pretendemos dormir sin ser molestados, si no es mucha molestia, si es tan amable de explicarme porque están aquí y si podemos ayudarle, para que podamos volver a descansar.
- Yo soy Kilzan y él Lothar, somos dos soldados de la guardia de Trevelian, estamos aquí porque hace unos días desapareció la princesa, y se decía que la habían visto cerca de aquí, no podemos regresar sin ella, sólo le preguntaba a este señor si la había visto.
- Y yo sólo les decía que yo no la he visto –siguió el posadero.
- Pero yo sí – se oyó una voz conocida saliendo de entre las sombras, cuando se acercó todo el mundo pudo distinguir el rostro de Kayley.
- La princesa – dijeron ambos caballeros mientras se arrodillaban.
- Levantaos por favor – Kayley se acercó al posadero – William eres un gran siervo, no pasa nada, les conozco.
Con todo esto Fredrick y Gilro no conseguían superar su asombro. Cuando supimos que no ocurría nada malo bajamos al piso inferior y Kayley nos explicó todo.
- Proktur era el consejero de mi padre, pero por culpa de sus consejos estaba llevando a Senatre a la destrucción, así que le di a entender que sobraba de la corte, días más tarde volvió reclamando venganza por su destitución, y desde entonces empezaron a llegar esos seres, medio animales medio humanos que empezaron a destruirlo todo. Según habían profetizado yo y un grupo de elegidos somos la única salvación para Senatre, y como bien me describieron sois vosotros, un dirigente nato –dijo dirigiéndose a Fredrick, acto seguido miró a Sulcar- un gran arquero, un buen rastreador –dijo mientras se ruborizaba al mirar a Gilro- dos excelentes soldados y un pequeño ladrón – dijo esto último dirigiéndome una tierna sonrisa –no dije nada antes porque quería asegurarme de que erais vosotros.
Yo ladrón, pensé en aquel instante, como podía llamarme a mi ladrón, pero le resté importancia, su sonrisa hacia que se la restara, era tan apaciguadora.
- Entonces – continuó hablando Fredrick – deberíamos salir al despuntar el alba, así que todo el mundo a dormir, mañana será un día largo.
A la mañana siguiente emprendimos la marcha, el paisaje era desolador, casas incendiadas, cuerpos masacrados, un olor pútrido que rodeaba las aldeas, olor a destrucción. Nos adentramos en el bosque Vallenshield, que llevaba hasta las proximidades de Palacio. Gilro que iba el primero dio el alto y se dirigió a Fredrick:
- Parece que hay un grupo de lo que sean esas criaturas acampadas más adelante.
- ¿Estas seguro?
- Sí, las pisadas no son de ningún animal conocido, y por las formas que hacen deben pasar a menudo por esta zona, así que no sería de extrañar que estuvieran unos metros más adelante.
- Garret, ven, a ver si nos sirves para algo
- ¿Qué quiere señor? – me dirigí a Fredrick.
- Ves a inspeccionar la zona, eres lo suficientemente pequeño para pasar desapercibido, si te cogen, no nos conoces ¿entendido?
- Sí señor
Me salí del camino y me adentré en la espesura del bosque, nada de eso me hacía mucha gracia, y menos lo de “si te cogen”, fui avanzando como pude entre la maleza cuando de pronto escuché unos ruidos y me detuve, intenté ver algo y lo conseguí, pero lo que vi no me gusto demasiado, había casi una treintena de esos seres, tenían el aspecto de no sabría decirlo exactamente, ya que cada uno era diferente al anterior, había algunos con forma de grandes felinos, de toros, de águilas, todos estaban erguidos como personas, y el cabecilla se distinguía porque era diferente, tenía la forma de un dragón. Me parecía imposible que una criatura tan majestuosa como el dragón tuviera un aspecto tan horrendo bajo esa forma. Estaban todos reunidos y explicando la táctica a seguir para asaltar el Palacio y derrocar al rey de Senatre. Por lo que pude oír no eran el único grupo que había, pero si el primero que había llegado a la zona. Antes de atacar esperarían a la llegada de las otras tropas y del gran señor Proktur. Me deslicé de nuevo entre la maleza para ir a informar de las noticias al resto del grupo. Fredrick habiendo escuchado mi relato permaneció pensativo y se dirigió a la princesa:
- ¿Habría alguna posibilidad de entrar al castillo y encontrar ayuda?
- No te lo sabría decir, hace bastante que no estoy allí, por lo que no se nada de su organización.
- Si me permite Alteza –empezó a decir Lothar- la mayoría de los pocos hombres que quedábamos con vida fuimos enviados en su búsqueda, y consideraría poco probable encontrar un ejercito de consideración en Palacio.
- Tendremos que organizarnos bien, Kilzan, Lothar, iréis en busca de los otros caballeros y en cuanto los veáis los enviáis al castillo, intentar hacerlo lo antes posible.
En cuanto acabó de hablar Kayley nos hizo una señal para que la siguiéramos nos condujo hacía una parte del bosque muy próxima al castillo entonces pronunció “Luathar” y se abrió un camino entre la maleza que se cerró a nuestro paso, el camino llevaba directamente hacia palacio. Al llegar ante el rey Kayley saludó a su padre con una leve reverencia, el resto hicimos lo mismo y acto seguido Trevelian se acercó a su hija para abrazarla:
- Hija temía por tu vida, gracias a los Dioses que has regresado.
- Padre no deberías alegrarte tan pronto, las tropas de Proktur están rodeando el castillo, en pocos días lo asaltarán y tenemos que estar preparados.
En las siguientes horas estuvimos preparando la estrategia a seguir Gilro y yo reunimos a los campesinos que habitaban dentro de la fortaleza, preparándolos para la lucha; yo nunca había cogido un arma, y el primer contacto con la espada fue algo nefasto el arma era demasiado pesada para mí y cuando intentaba alzarla me balanceaba bruscamente de un lado a otro sin conseguir mantenerla quieta, viendo mi apurada situación Sulcar se acercó:
- Chico, prueba con esto – dijo mientras me acercaba una ballesta – sólo tienes que cargar la saeta, y apuntar siguiendo el recorrido que hará.
Y así lo hice, miré fijamente el proyectil y seguí el recorrido con la mirada hasta ver la cabeza del monigote que se encontraba al fondo del patio, disparé la ballesta y tal como imaginé se clavo en mitad de la cabeza del hombrecillo de paja.
- Buena puntería Garret – exclamó Sulcar – será la suerte del principiante, vuelve a probar.
Dicho y hecho, cargué de nuevo la ballesta y volví a disparar, la saeta surcó el aire hasta clavarse a la altura del corazón. Al clavarse la flecha oí varios vítores que provenían de detrás de mí, me giré y allí estaban todos aplaudiéndome:
- Aprendes rápido – me dijo Gilro mientras me ruborizaba por tal clamor.
- Pues si que nos será de ayuda – exclamó Fredrick con una sonrisa en los labios.
Esa noche llegaron los primeros caballeros, con ellos y los campesinos habíamos logrado reunir a poco más de sesenta hombres, el problema era que el enemigo había triplicado sus fuerzas. Al salir la luna aquellos seres empezaron a beber, a cantar y a degollar a pequeños animales que habían capturado como si revivieran un viejo ritual, todos los que nos encontrábamos en el castillo nos estremecimos al ver a aquellos seres en actitud tan siniestra.
Fredrick consideró oportuno que varios caballeros permanecieran en las almenas durante toda la noche, haciendo los turnos oportunos. Y llegó mi turno, estaba muy nervioso, me sobresaltaba por cualquier cosa, como Fredrick sabía que esto podía suceder consideró oportuno que Gilro hiciera conmigo la guardia, pero en este caso se equivocó, no porque yo fuera más atento o experimentado de lo que él consideraba, sino que Gilro tenía más distracciones que yo. A mitad de la guardia apareció Kayley con la escusa de traernos un poco de agua y comida, desde que la muchacha había sido presentada como princesa de Senatre no la había visto servir ni un plato, pero aquello era diferente. La atracción entre ambos jóvenes aumentaba cada día que pasaban juntos, y al parecer era yo el único que percibía esta situación a pesar de que ambos intentaban ocultar su rubor cada vez que hablaban con el otro.
Por suerte la noche pasó sin complicaciones aunque la mañana no se nos presentaba muy idónea para el combate empezamos a organizarlo todo. Kayley como era de costumbre se pasaba interminables horas delante de sus libros de magia, debía estudiarlos continuamente si quería llegar a realizarlos. Canshron y Rasbin se encontraban preparando a las improvisadas tropas, mientras Fredrick se encontraba junto al rey Trevelian preparando la estrategia a seguir. Al mediodía llegaron Kilzan y Lothar con un pequeño número de caballeros. Algo nos indicaba que aquella no sería una batalla fácil de librar. En el exterior aquellos seres se organizaban y cada hora que pasaba un nuevo grupo llegaba.
Una nueva noche transcurrió sin la intervención de ninguna de las partes, ellos estaban con sus rituales y sacrificios mientras nosotros nos preparábamos para la batalla al amanecer. A medianoche según informó uno de los guardias un hombre había llegado al campamento de los invasores. La descripción se ajustaba a las características de Proktur.
A la salida del sol ya estaba todo dispuesto para la batalla. Kayley se dirigió hacia Gilro con la intención de luchar junto a él durante el combate, sabía que de no hacerlo así su cabeza no estaría en la batalla. Los arqueros se dispusieron en las almenas y periódicamente iban lanzando sus flechas que lograban impactar a algún que otro mutante. Pero esto no duró mucho, pronto consiguieron derrocar nuestra entrada gracias a algunos de los encantamientos de Proktur. Fredrick no paraba de organizar a los hombres que iban de un lado para otro, cuando los seguidores del Proktur consiguieron entrar en la fortaleza se encontraron con un patio interior completamente vacío, aunque no por mucho tiempo, los caballeros empezaron a surgir de todos los puntos del castillo acorralándolos y provocando numerosas bajas entre los mutantes. Kayley y Gilro combinaban extraordinariamente el acero con la magia, como si hubiera entre ellos una unión invisible que enlazaba los ataque de ambos. Yo mientras estaba cargando, disparando y volviendo a cargar, conseguimos limpiar el patio de aquellos seres, el problema es que habían provocado diversas bajas considerables, debíamos reagruparnos antes de su próximo ataque. Cuando entramos en la sala del trono para reorganizarnos encontramos a Proktur sentado en el lugar del rey.
- Bienvenidos a mi Palacio, aunque no es muy cortés que matéis a mi guardia personal.
- Proktur, eres perverso – se apresuró a señalar Trevelian – no mereces ocupar ese lugar aunque sea para dirigir a ese puñado de monstruos que tienes por ejercito – diciendo esto el Rey se abalanzó espada en mano.
- Flareon – dijo Proktur mientras de su mano salía una bola de fuego que impactó directamente en el cuerpo de Trevelian
- ¡Padre! – exclamó Kayley mientras se dirigía al cuerpo sin vida de su padre.
- Pobrecita, ahora te tocará a ti enfrentarte contra mí si es que quieres recuperar tu reino.
- No lo pongas en duda.
Con toda la conversación nadie se había dado cuenta que yo me había deslizado hasta la parte posterior del trono, y sin que Proktur se percatara le había robado la joya de la que nunca se separaba y que por lo que contaban era lo que le permitía formular todos aquellos hechizos que ni los magos más experimentados habían llegado a controlar. Casi había conseguido salirme con la mía cuando un semidragón me levantó por la camisa y me lanzó a los pies de su amo. Kayley estaba a punto de formular un conjuro, pero al verme entre ella y su objetivo consideró que si lo acababa yo sería el único malparado así que rompió su concentración y bajó la mirada resignada.
Proktur que no se había percatado aún de la falta de su, hasta entonces, inseparable joya empezó a reír de una manera escandalosa:
- Que malo es eso de tener remordimientos verdad princesa, o mejor dicho esclava –mirando a varios de sus soldados – prenderles, los ejecutaremos al alba, ante el pueblo, para que aprendan a no sublevarse contra su nuevo Rey.
Dirigí una rápida mirada a Fredrick y le mostré la joya, al verla le hizo una señal a Gilro. Cuando iban a prendernos Fredrick sacó su espada y arremetió contra varios de los monstruos, Rasbin imitó a su capitán como también hicieron Gilro y Canshron, Proktur se apresuró a buscar su preciada joya en el interior de su bolsillo pero lo encontró vacío fue entonces cuando se percató de lo sucedido y me miró con furia en sus ojos, yo me apresuré a cargar mi ballesta y disparé, los nervios me jugaron una mala pasada ya que sólo le herí en el brazo, pero di el tiempo suficiente como para poder apartarme y dejar a Kayley que formulase uno de sus encantamientos en un abrir y cerrar de ojos de sus manos salió un rayo que impactó el cuerpo de Proktur y lo hizo caer estrepitosamente, Kayley se acercó para comprobar si su oponente estaba muerto, por desgracia no lo estaba, y sacó una daga de su bota con la que amenazó a Kayley:
- Chico devuélveme mi joya, no quisiera que esta bella joven concluyera ya sus días.
Yo estaba demasiado inquieto como para saber que hacer, Kayley me indicaba que no le diera la joya, pero al mirar a Gilro le veía en su cara una suplica para que la chica no recibiera ningún rasguño. Tras meditarlo unos segundos lancé la joya al aire, Proktur al verlo guardó la daga para poder cogerla, pero antes de que llegara a sus manos una flecha atravesó su mano, el mago se estremeció de dolor, en esos momentos Kayley consiguió liberarse, y cuando estaba algo alejada un puñal atravesó el aire hasta clavarse en su pecho. Al caer la joya se rompió en infinidad de pedazos y comenzó a brillar, el color áureo que desprendía la joya envolvió toda la habitación que desapareció cuando consumió al moribundo Proktur gimiendo de dolor.
Una vez muerto Proktur sus seguidores no fueron muy difíciles de aniquilar ya que la mayoría de su poder provenía de él. Con el nuevo amanecer toda la oscuridad que rodeaba Senatre desapareció, conseguimos restablecer toda la paz aunque todavía quedaba lo peor reorganizar a un pueblo dañado, quedaban unos cuantos habitantes con vida, pero en su gran mayoría todos habían muerto. Kayley decidió agrupar a su gente cerca de palacio y aunque sentía por Gilro algo que ni ella misma ya podía disimular ambos acordaron que no estarían juntos hasta que Senatre estuviera sanado. Todos ayudamos a su reconstrucción, incluso vino más gente de Kihoet para ayudar. Había pasado casi un año desde la batalla y Senatre ya se podría decir que iba bien encaminada para ser un reino próspero, según las leyes de Senatre ningún noble podía casarse con alguien de diferente clase social, pero Fredrick había estudiado bien las leyes con tal que la pareja pudiera contraer matrimonio así que Gilro fue ascendido por su valía en el combate y así pudo obtener un titulo, así por fin Kayley y Gilro se desposaron, y para mi sorpresa yo fui admitido en su guardia, ¡la guardia real!. Ya han pasado varios años desde todo aquello, ahora soy yo quien encandila al público con mi habilidad con la ballesta y mi puntería, veo a menudo a mi padre y a mis hermanos que todavía no consiguen creer que deparó para mí el destino. |