Uno.
La chica estaba sola. Antes había estado con más gente, pero ahora estaba sola. Las luces del parque empezaban a encenderse, con ese tenue brillo anaranjado, sin dar luz todavía, pero haciendo que todo el mundo se apresurase al verlas.
La chica no pareció fijarse en las farolas. Tal vez no la esperase nadie en casa. O tal vez sólo quería estar más tiempo en el parque. Daba igual. Lo importante era que continuase en el parque un poco más. Sólo un poco más. Sola un poco más.
Cuando estuvo seguro de que ya no había nadie cerca tiró el cigarro, que con la espera no era más que un frágil tubo de ceniza. Avanzó lentamente, escuchando el sonido de sus botas aplastando la nieve. A lo lejos el sonido del tráfico y de la vida de la ciudad. Aquí la soledad.
No se acercó directamente, no. Eso lo hacía al principio. Pero le olían. Como las gacelas a los lobos. Realmente no sabía si los lobos cazaban gacelas. Había una parte de el que pensaba que eran los tigres los que cazaban gacelas, de echo una parte de su mente estaba casi segura de que los lobos no habían visto siquiera una gacela. Pero le gustaba la imagen. El era el lobo, por supuesto. El era el depredador. Y la chica era la gacela.
Caminaba con prisa. Esto también lo había aprendido. En la mano llevaba un plano y lo miraba con frecuencia, murmurando para si. Pensaba que era la estampa perfecta del ciudadano perdido. Bien vestido, pero sin destacar. Esa era la clave, no destacar. Confundirse con lo que le rodeaba. Como esos soldados que salían en la BBC. Los francotiradores. Esos también le gustaban. Pero no tenían tanta fuerza como la imagen del lobo. El lobo era el rey.
Se paró bajo una de las farolas. El resplandor anaranjado había aumentado su intensidad. Ya no era un simple recordatorio de la hora. Agarró el plano con ambas manos, lo giró un par de veces y resopló. Una actuación perfecta.
Cuando estuvo seguro de haber captado la atención de la chica, alzó la cabeza y miró en derredor. Tuvo un ligero sobresalto al verla, y luego sonrió, con alivio. Digno de un oscar, estaba seguro. Se acercó a ella con la sonrisa aún puesta.
Estoy algo perdido le importaría…? Es tan amable de indicarme… La dirección tenía que ser cercana y conocida. Tenía que ser tan obvia que no pudiese resistirse a mostrar sus conocimientos al perdido. Eso daba confianza. Eres más listo que yo ¿Me ayudas?.
Cuando ella cogió el plano y comenzó sus explicaciones el la miró más detenidamente. No era guapa. Demasiada frente, los ojos muy juntos… pero tampoco era fea. Sobre todo la boca y la barbilla arreglaban el conjunto. Olía bien. No a esos perfumes de ‘señora mayor-chica mayor’. Era un perfume normal. De diario. Limpio.
Ella se dio cuenta de que no le estaba haciendo caso. Tal vez se dio cuenta de más. Siempre, tarde o temprano le olían. Los ojos le miraban primero. Se oía al cerebro funcionar. Luego las pupilas se reducían, los labios se volvían finos, la espalda se enderezaba… como las gacelas del Canal-Naturaleza. Olían que algo malo iba a pasar. Pero se negaban a creérselo. Demasiadas películas pensaban. No voy a ponerme a gritar porque no me guste como me mira. No voy a ponerme a correr… aunque todo mi cuerpo quiera hacerlo. ¿Qué iba a pensar de mi?.
El ya tenía el cuchillo listo. Ella lo vio y bajó el plano. Siempre había una fracción de tiempo que era la que el más disfrutaba. Cuando sus ojos iban del cuchillo a sus ojos. Incrédulos. No estoy viendo un cuchillo decía esa mirada. El cerebro volvía a sonar. Si, si que lo estás viendo, grita. Grita con todas tus fuerzas.
El era rápido y conocía el juego. Ella también era rápida, pero no lo suficiente. Cuando la nariz empezaba a dilatarse para coger aire el ya estaba sujetándole la boca. Cuando sus ojos empezaban a humedecerse con las lágrimas del miedo el ya le había atravesado el corazón. Cuando ese ruido parecido a un maullido escapaba de su garganta el ya estaba lanzando la segunda estocada. Cuando la sangre comenzaba a teñir la nieve el ya se había ido.
Las farolas iluminaban ahora todo el parque. Pero ya no había nadie para verlo.
Dos.
A la mañana siguiente se levantó tarde. Después de salir de caza le gustaba dormir hasta tarde. Desayunó tranquilamente, mirando la calle desde la terraza. Jugando con la tostada. Sin prisas. Luego se duchó, desprendiéndose de la piel de lobo.
Bajó las escaleras. Saludó al portero. -Qué tal? como va todo? vio el partido? vaya nevada la de ayer, eh!?- Salió a la calle. Paseo sin prisas. Mirando a la gente a los ojos. Sonriendo a los conocidos. ¿Un croissant?¿Por qué no?. Finalmente el periódico.-Qué tal? como va todo? vio el partido? vaya nevada la de ayer, eh!?- Sonriendo se aleja. Con el diario bajo el brazo camina hasta el parque. Busca un rincón transitado. Le gusta mezclarse con las gacelas.
El sol es una delicia cuando asoma entre las nubes. Le calienta la cara y siente como le colorea las mejillas, más que el frío. Abre el periódico por la sección de sucesos. Lo hojea al principio lentamente, saboreando el placer de la espera. Luego, a medida que pasa las hojas acelera. ¿Dónde está?¿Me lo he saltado? Calma. Vuelve al principio y ve más lento. Nada. Dos vueltas más y el diario acaba arrugado en la basura.
Nada. Tres periódicos más tarde vuelve a casa. No sonríe. No saluda. Cierra con un portazo. Pone la televisión y la radio a la vez. ¿Cómo le pueden hacer esto a el?. Nada. ¿Cómo se atreven a hacerle esto a el?. Nada!!.
A la mañana siguiente madruga. Hoy si tiene que trabajar. Sale de casa apresuradamente y compra un par de diarios. Sin comentarios, tengo prisa. Los hojea en el metro. Nada. Los deja en el vagón.
-Qué tal? como va todo? quiero el informe a las seis, viste el partido? tienes que revisar las cuentas, algo falla con los albaranes. vaya nevada!?
Comida en Holyday’s, café en Starbucks. Una hora de pesas y bicicleta. Una ducha rápida. Metro de vuelta a casa. Trasbordo. Sorpresa.
La chica de enfrente… ¿Es La Chica? No puede ser.. Sus ojos… su barbilla… su frente… si, si que es Ella!!. El peinado es distinto. Está maquillada. ¿Pero cómo…? ¿Me ha visto? No, no me ha visto. ¿Fallé? ¿Cómo?. Decide seguirla. A distancia.
Dos transbordos, dos calles hacia arriba, una a la derecha. Portal 12. Vale… Hasta mañana.
Tres.
A la mañana siguiente está más calmado. Falló, a veces los lobos se equivocan, no?. Pero puede arreglarse. Sobre todo hay que arreglarlo. Llama al trabajo. -Qué tal? como va todo? viste el partido? la gripe? si puede ser la gripe, unos días? no hay problema, vaya nevada, eh!?.
Comienza el acecho. Está contento. Es otra forma del juego. Distinta, pero igual. Ahora tiene un objetivo, lo espera. A veces parece que se va a girar y le va a ver. Eso también le gusta. Más riesgo, más emoción.
Tarda cuatro días en volver al parque. Es una persona de rutinas. Ese día la rutina incluye cruzar el parque para ir… y para volver. El está esperando. La sigue. Estudia el camino. Es un lobo, un francotirador, un ‘estratega’. Esa palabra ya es lo más. Pero hoy no es el día. La semana que viene, en el parque. Entonces si.
Cuatro.
Él está bajo un árbol, en las sombras. Las luces inician su labor, primero naranja, luego blanco. Ella asoma por el camino. Camina rápido. El sale de las sombras, muy cerca de ella. Ella se sorprende y lanza un gritito. Luego sonríe y sigue caminando. ¿No le reconoce?¿Le ha olvidado?. El se vuelve con furia, con el cuchillo ya en la mano. No espera a nada. La embiste por la espalda y la derriba. Ya en el suelo comienza la carnicería.
Cuando se levanta está empapado en sangre. Pero todo estaba pensado. Es un estratega. Se limpia rápidamente con la nieve la cara y las manos. Se pone un abrigo que ha dejado en el árbol. Y se deshace del otro varias calles más arriba. Perfecto.
Cinco.
Se despierta tarde. Desayuna tranquilamente, mira desde la terraza a la gente. Decide tomarse una segunda tostada. Sonríe. Vuelve a ser el lobo. Sale a comprar el periódico. Tranquilo, seguro. No. Otra vez no. No es posible. Un ligero temblor se apodera de sus manos. Corre hacia el metro. Dos trasbordos, dos calles hacia arriba, una a la derecha. Portal 12. Espera. Durante horas. Una certidumbre se apodera de el a medida que avanza la tarde. Cae la noche. Aparece ella. Abre el portal. No puede esperar. Un grito ahogado se escapa de su garganta y la pone en alerta. Pero no es lo suficientemente rápida. El carga contra la puerta y la abre. Ella cae al suelo. Comienza la carnicería, de nuevo. La acuchilla hasta que le duele la mano. Luego coge su garganta y aprieta. Aprieta hasta que siente como algo se rompe dentro. La golpea. Se levanta jadeando. Empapado en sangre y sudor. Dios. ¿Qué he hecho?¿Qué hago ahora?.
Mira alrededor. La sangre ha llegado hasta los buzones. El charco se extiende por el suelo, manchando todo, llegando hasta la portería. La portería. Sin pensarlo dos veces rompe la puerta de la garita del portero. Allí hay un mono de trabajo y unos guantes. Bien. Se cambia apresuradamente. Mete toda la ropa en una bolsa de unos grandes almacenes. Rápido.
Vuelve a casa andando. Dando varias vueltas. Siente el frío mordiendo a través de la delgada tela. Cuando llega a su edificio espera. Hasta que se apagan las últimas luces. Entonces entra sin hacer ruido. Se ducha durante horas. El mono y la ropa terminan en la caldera del bloque. Ya no hay pruebas.
Seis.
A la mañana siguiente tiene fiebre. Demasiado frío anoche. No, hoy tampoco podré ir a trabajar, si la gripe, ¿el partido? genial, y vaya nevada, eh!?. Tarda cinco días en volver a salir. No compra ningún diario. No saluda a nadie. No sonríe. Trabaja sin saber muy bien lo que hace.
Comida en Holyday’s, café en Starbucks. No hay gimnasio. Se va a casa. Paseando.
Cuando levanta la vista está frente al Portal 12. Un gemido escapa de sus labios. Las farolas comienzan a encenderse. Naranja, luego blanco. Empieza a temblar y a sudar. Mira hacia los lados de la calle. Y la ve.
Oye un ruido. Al rato se da cuenta de que es el que está gritando. Da igual. Saca el cuchillo. La gente grita en la calle. Comienza a correr. Trastabillando consigue llegar hasta ella. Es la única persona de la calle que no grita. Le mira y sonríe. El levanta el cuchillo y comienza de nuevo.
Conclusión.
-¿Qué tenemos aquí?
-Un loco. Caso cerrado. Había un montón de testigos.
-¿Me estás diciendo que todo esto lo ha hecho una sola persona?
-Si, parece ser que vino corriendo desde ese portal hasta aquí. Gritando y con un cuchillo en la mano. Ese de ahí. Luego comenzó la ‘tomatina’.
-Joder. Vaya ciudad de chiflados. ¿A qué esperamos entonces?
-Al juez, joder, que pareces nuevo.
-Vaya forma de suicidarse, se ha dado por lo menos veinte puñaladas.
-Treinta y dos hemos contado.
-Ciudad de chiflados! Viste el partido?
-Si, si que lo vi, vaya frío de pelotas que hace!
-Si, vaya nevada que va a caer, eh!? |