-Esta es la historia de un ladrón… tenía 23 años y vivía en una aldea regida por un poderoso Rey y su hija: la princesa Raquel.
-Nuestro protagonista no tenía donde vivir, y su habilidad en el arte del hurto apenas le daba para comer al día unas pocas manzanas y algo de pan. La gente del pueblo le odiaba, le despreciaba y a menudo le insultaba. Un día ideó un plan… e intentó robar en palacio, él sabía que si su plan funcionaba… sería rico de por vida… pero si no… tendría una cita con la horca. Días antes de su “gran golpe”, decidió observar bien el palacio, para saber a lo que se enfrentaría.
-Justo ese día, la princesa Raquel paseaba por palacio, y se quedó observándola… no podía dar crédito a sus ojos… tenía ante él el mayor de los tesoros, que ni el más bueno de los ladrones podría robar. Fue entonces cuando se paró a pensar en lo injusto que era todo… ¿por qué el jamás podría tener a semejante mujer entre sus brazos, y sin embargo, un príncipe, por el hecho de tener un palacio y buen linaje tendría acceso a ella? No es justo… sin embargo, es así. Volvió a levantar la vista… y la siguió contemplando. Empezó ojeando su cabello rubio… que gozaba de un precioso brillo por el reflejo del sol, sus ojos verdes, más valiosos que las esmeraldas de su anillo, y su boca, estaba seguro de que por esa boca salía la voz más celestial del mejor de los cielos… pero no sería hoy cuando la escuchase.
-Cerró los ojos violentamente entonces, y se fue, robó una daga en la herrería y terminó de preparar su plan, no podía salir mal… todo estaba preparado a la perfección… y total, ¿qué podía perder? Su único sueño era conquistar a la princesa, con el tesoro que iba a robar, y si salía mal moriría en la horca ante toda la aldea, sufriría la mayor de las humillaciones, ¿y qué?
-Por fin tenía algo por lo que luchar, su vida empezaba a cobrar sentido, nada podía salir mal, tenía la moral muy alta, y el corazón lleno de ilusiones… ¡por fin podría hablar con la princesa!
-Llegó el gran día, cogió una cuerda, la daga, y se metió algo en el bolsillo… ¿qué sería? Estaba frente al castillo, era de noche, y los guardias estaban distraídos, lanzó la cuerda, y comenzó a trepar. Tras mucho esfuerzo llegó a su objetivo, ante él tenía un centenar de rubíes y esmeraldas, que con gran alegría comenzó a introducir en su bolsa. Ya se disponía a bajar por la cuerda, cuando vio el retrato de su amada colgado en la pared… pronto podría salir él en el mismo retrato pensaba… su sueño estaba cerca, ya casi podía sentirlo… pero entonces la fortuna le jugo una mala pasada, la cuerda se rasgó, ya no podía bajar…
-Estaba atrapado… ¿qué podía hacer? ¿entregarse? Jamás… tenía mucho orgullo, trataría de salir del castillo, aunque tendría que esquivar a los guardias… Abrió la puerta de la habitación, y al abrirla vio a una decena de guardias armados, que le miraron y rápidamente desenfundaros sus espadas. Nuestro ladrón, se quedó paralizado, empezaba a tener miedo y a ver la horca cercana… pero no… Se giró rápidamente y corrió hacia la ventana… cogió impulso y saltó al vacío. La caída se le hizo eterna, y en ella pegó un grito estremecedor: “¡Raqueeeel!”, pero sin embargo la colisión no fue tan eterna.
-Raquel despertó de su sueño al oír el grito, y rápidamente bajó al jardín, donde halló el cadáver de aquel desconocido… ¿quién era? ¿por qué gritaba su nombre? Se acercó a verle la cara, y vio que aún estaba vivo. Intentaba hablar, pero Raquel no le entendía…
-B… b… boo… bolsilloooo- y nuestro ladrón murió.
-Raquel le miró el bolsillo, y encontró en el una carta, que decía:
”Para mi princesa:
Si lees esto es que estoy muerto, y todos mis esfuerzos por llegar a estar junto a ti habrán fracasado. Sólo quería hacerte saber que eres el sentido de mi existencia, la razón de mi vida, la luz que me alumbra hasta en los lugares más oscuros… contigo he descubierto que hasta un ladrón como yo puede vivir de sueños… y tratar de luchar por cumplirlos. Sé que he sido un estúpido pensando que podía llegar a tenerte… pero ha sido esa ilusión la que me ha dado vida y esperanza.
Que injusto es el mundo princesa… todo el mundo sabe tú nombre, Raquel, y sin embargo, ni el mismo narrador sabe el mío... Espero que encuentres al hombre que buscas… pero recuerda no mirar sólo las riquezas y los atuendos... o jamás encontrarás al hombre que buscas…
Siempre tuyo: Ladrón”
-Raquel no se lo podía creer, un hombre del que jamás había oído hablar acababa de declararle su amor al poco de morir… sin duda esto cambió su vida para siempre. |