¡No tengas miedo!…
Los monstruos no existen…
Solo están en tu cabeza.
Tu fantasía los crea y tu miedo los alimenta...
¡¡Cobarde, no llores!!! ¡¡Pareces una niña!!
¡¡¡Deja de llorar!!!
¡Todos se reirán de ti!....
Cuando aún era un niño, me aterrorizaba dormir con las puertas abiertas sobre todo la del maldito armario. Los trozos que quedaban al descubierto en las perchas metálicas reflejaban cualquier rayo de luz. Puntos que se multiplicaban convirtiéndose en ojos maléficos y devoradores, acechantes, esperando cualquier descuido por mi parte; bajar la guardia y ¡¡zaka!! Me mordían voraces, alimentándose de mi aliento agitado y desbocado mientras sentía aterrorizado y con el cuerpo inmóvil como, me arrebataban la vida.
Les hice caso ya no hay monstruos fuera de mi… ¡No!
Ahora están, en mi interior.
Mayo de 1994. Andalucía España
-¡Te juro por Dios que lo he visto tía! ¡Que yo no juro por Dios sin más, que pa mí es sagrao!
-Joder Manuel, ¿mírala si estuviese mintiendo crees que tendría esa jeta? ¡Si parece que sa tomao un chorreón de vinagre pa quitarse la rojez!
Manuel resopló como un toro bravo antes de contestar.- ¡Te juro que si éste es otros de tus cuentos, te mando a casa de tu abuela el resto de tu vida! ¡Qué no quiero hacer otra vez el ridículo corriendo con la escopeta por el monte!
-Te lo juro tío, que me quede coja, ciega, que me muera ahora mismo si te miento… ¡Esta vez es verdad! Que no es para echar cuentos y reírnos un rato. ¡Que me he cagao de miedo!
-Voy a por la escopeta y a decirle a Juan que me acompañe.
-¡Tío yo voy contigo!
-¡Suelta!-se sacudió el hombro con rudeza.- ¡Tú te quedas con tu tía y no se hable más!
-¡Pero!, no sabrás llegar.- Agachó la cabeza demostrando un gesto de humildad.- ¡Tú te sabes esto como la palma de tu mano! Pero yo me sé explicar mu mal y seguro que te lio, ya sabes que soy torpe; pero si te acompaño…
-¡Maldita cría! Corre a buscar a Juan mientras yo voy a por la escopeta.
Veinte minutos de camino, cuesta arriba entre los árboles la maleza y con el fango por los tobillos, había llovido abundantemente y el caudal del rio estaba muy crecido a punto de desbordarse.
Según avanzaban Manuel se preguntaba que buscaba su sobrina por esta parte del bosque tan apartada de cualquier cortijo, por estos terrenos solo podía encontrar alimañas, peligro y nada bueno.
-Paca, ¿y tú que vienes a buscar por aquí? Esto está muy apartao, por aquí no se viene ni a cazar, porque ni los animales le gusta lo que hay.
-Tío, no piense na malo, que en seguía se te calienta los pensamientos. Estoy ayudando a la tía Candela, ¡hacer medicinas! Que me ha dicho, que recoja las hierbas para los emplastos y bebidos lejos de los caminos de los coches, porque, envenenan la tierra.
Manuel dudaba de las palabras de su sobrina, era la cría más embustera y fantasiosa que había visto. Los médicos le explicaron que su comportamiento era la forma de enfrentarse al trauma causado por el abandono de sus progenitores, y mitigaba de este modo su dolor y soledad, creando y refugiándose en mundos de fantasía. Lo malo, como pensaba Manuel, era que esos mundos arrastraban a todos a su paso para engullirlos como un agujero negro y, a lo que a ella le beneficiaba a otros los mortificaba.
Juan pidió unos minutos de descanso, llevaban una hora de camino y aún no les había indicado el sitio extracto.
-Y, ¿cómo era?- Preguntó Juan de una forma repentina y seca.
-¡Pos no sabría decirte!
-¿Pero lo has visto? ¡No!
-¡Que si, tío! Pero es que no tengo palaras…que me quedé tiesa como un palo frente él. ¡Mira, mira este roto! –Le enseño un roto de la manga a la altura del hombro y seguido se la remangó.- Este corte me lo ha hecho también, y gracia que pude correr…
-¿Queda mucho?
-No, Juan, detrás de esa roca,
-¿En la cascada?
-Si tío ahí recogía helechos, unos que tiene un nombre mu raro, algo de helotropo…
-Manuel, se refugiará en las cuevas, démonos prisa…
-¡Mira tío como no miento! Ahí está toda la sangre, ¿veis cuanta? Tenía al animal agarro por el pescuezo, en lo alto pegao a la roca, y empezó a comérselo por el hocico. Se lo comió todo no dejo ni el rabo; y de un tirón.
-¿Que bestia no deja ni un trozo pellejo? – Manuel apretó fuertemente la escopeta, no era un hombre temeroso, solo de Dios, pues el campo no era un buen lugar para vivir con miedos. En el campo donde salías a ganarte el pan en la oscuridad de la madrugada y te recogías con la oscuridad de la noche; no, no era un lugar para miedos.
-¿Eso pregunto yo? Manuel, tu sabes, que te lo he demostrado que no soy un cobarde, pero…pero creo que debíamos venir con los otros, dos hombres y una escopeta para esta bestia… ¡no se!... ¿Y si volvemos mañana? Las cuevas no son profundas, pero son cuevas.
-¡Anda Juan!, ¿no mientas que tas cagao al ver tanta sangre?...No es mejor, ya que estamos echar un vistazo, ¿o es que una niña es más valiente que tú?
-¡¡Calla Paca!! A un hombre no se le trata de este modo, respeta a Juan. Echemos un vistazo. Yo que tengo la escopeta me adentraré en las cuevas, vosotros coger dos buenos palos y recorrer la orilla; si lo veis gritad.
-Tío, yo quiero ir contigo… ¡no te ofendas señor Juan!
-¡No!, las cuevas están más oscura y podría cogerte sin enterarme.
Manuel anduvo recto hacia la primera boca de las cuevas, Paca y Juan doblaron a la izquierda de la roca ensangrentada, camino que les llevaba a la orilla del rio.
Juan se sentía molesto, no la soportaba pero el respeto a su tío era suficiente para guardar la calma. Paca lo sabía, pero para ella era como un juego, en el fondo no era mala chica, pero, si se daba cuenta que algo te molestaba estabas perdido. Comenzó a tatarear un ritmo, no era una canción, era más bien un mohín.
Juan se volvió iracundo para exigirle silencio, fuera lo que fuere lo que estaba allí lo espantaría, o peor le alertaría de sus presencias. Al girarse sintió un agudo dolor en el estomago, algo le había atravesado, aunque no veía el qué, y lo elevaba varios palmos del suelo.
Paca no gritaba, miraba el hueco en el cuerpo de Juan, un cilindro perfecto y humeante por el que se podía ver el bosque. Sintió curiosidad se acercó todavía más e introdujo su puño por el hueco ante la estupefacción de Juan.
-¡Guau que caliente, Juan! –Sacó el puño y se apartó unos pasos.
Algo o alguien raudo, que no llegó a ver, tiró de los cabellos de Juan hacia atrás y taponó con hierbas su boca antes de que se le escapase un grito. Los ojos de Juan se empaparon de lágrimas y después de finos hilos de sangre. Sus miembros desaparecían a mordiscos de una forma vertiginosa en una agonía infernal. Su cabeza quedó pendida en el aire, de su desgarrado cuello brotó sangre a raudales, excesiva sangre para lo que quedaba de él, excesivo incluso para un solo cuerpo. La sangre desembocaba en el rio pero, unificándose y deteniéndose como una mancha de aceite no muy lejos de la orilla, cercada por una barrera invisible.
-¡Tío, tío! Se comen a Juan...¡¡Corre por Dios!!
Manuel corrió endemoniadamente, encontró a su sobrina llena de sangre y cortes; enloquecida. La cogió de la mano y siguió las huellas de sangre que le conducirían hasta la cabeza de Juan. Colocó a su sobrina a su espalda y preparó la escopeta. Se movió sigilosa y lentamente en círculos sobre sí mismo. Sus ojos se movían ávidos de un hallazgo, sus manos sedientas de venganza aferraban el arma convirtiéndola en una prolongación más du su cuerpo. Giró un paso más y su sobrina se encaró mirándole fijamente sin ninguna expresión en su rostro.
-Vuelve atrás.-no se movió.- ¡Que vuelvas te digo!-tiró de ella con rabia, pero no pudo moverla, tiró de nuevo de una forma mecánica, pero Paca parecía una roca más.
Alguien o algo, empujo su cabeza hacia delante lo suficiente para que su sobrina pudiese sin esfuerzo, llegar hasta su cara y arrancarle de cuajo parte del labio y la nariz con los dientes…
-¡Qué bien sabes tío!..Ansiaba devorarte a ti primero pero… insististe tanto en que acompañase a nuestro Juan…
Se retiró dos pasos de Manuel, cuando este abrió la boca para gritar un puñado de hierbas se la taponaron a la vez que en su cuerpo emergía un agujero con la forma de un cilindro perfecto. Manuel sintió mordisco a mordisco como sus miembros iban desapareciendo, así hasta llegar a la cabeza, que quedo suspendida por unos minutos en el aire, y de los restos de su cuello brotó sangre a raudales llegando a desembocar en el rio, mezclándose con la ya existente estancada cerca de la orilla a pesar del gran caudal y la corriente…
La mujer de Manuel se impacientaba, estaba anocheciendo y ni rastro de ellos. No sabía si salir en su busca o de los hombre más cercanos. Se echó el mantón y salió fuera de la verja. Prendió despacio el camino que llevaba al bosque, entre las sombras le pareció ver que se formaba una figura.- ¿Mi sobrina?- Pero los últimos rayos del día que aún se filtraban entre las ramas no dejó que distinguiese más. Escucho un rumor, aceleró el paso, tenían que ser ellos; pensó.
-¡Mujer, corre ven!
-¿Vienes solo? Me pareció ver a Paca.
-No mujer, Paca está ahí más arriba, herida, ¡ayúdame con ella!
Acompaño a su esposo unos metros más hacía al fondo.- ¿Dónde Manuel? ¿Qué ha pasado, y Juan?
-Se los han comido mujer…los ha devorado.
La mujer de Manuel quedó inmóvil, cundo quiso gritar un trozo de rama le cosió la boca. Quiso gritar porque vio que en su marido se formaban pequeños puntos luminiscentes, como aquellos que se forman cuando un ápice de luz se refleja en las perchas metálicas de un armario con la puerta entreabierta. Unos puntos de luz que la devoraban ansiosamente a mordiscos mientras contemplaba el gesto de placidez de su Manuel….
-¡¡Socorro!! ¡¡Ayuda!!
La gente murmuraba: ¿De quién es ese crio, quien lo conoce? ¿De dónde sale?
-¿Niño tú quien eres? – Preguntó uno de los ancianos que se amontonaba a su alrededor en la callejuela del pueblo.
Entre jadeos y tiritones el niño balbuceo: -Soy sobrino de Manuel...a mis tíos y a mi prima los han atacado...Se los comieron.
-¿Quién?
-¡No sé! no sabría decirlo… ¡Un monstruo!...Mi padre decía que no habían monstruos…
-Pobre hijo, me lo llevo a mi casa a darle algo caliente, vosotros id al cuartelillo- Mandó Carmen la farmacéutica del pueblo.
-¡No, yo quiero ir con ellos!, nadie como yo sabe donde ha sido… |